30/05/2026
Antes de Le Parc, una obra de arte era algo que se miraba desde afuera. Él decidió que eso era una forma de exclusión.
En su universo, la luz no era solo un recurso visual sino una materia viva; el color no era decorativo sino una fuerza capaz de alterar la percepción; y el desplazamiento del cuerpo frente a la obra era parte esencial del sentido. Fundó el GRAV en París en 1960 y ganó el Gran Premio de la Bienal de Venecia en 1966, pero los premios eran casi una ironía para alguien que cuestionaba el sistema del arte desde adentro.
La Tate lo resumió así: “Quiere que los espectadores se sientan activos, de modo que sus actos de mirar y experimentar den vida a cada obra. Quiere crear un arte más democrático que todos puedan disfrutar fácilmente.”
Murió hoy en París, a los 97 años, con una retrospectiva en la Tate pendiente de inauguración. Hasta el final, seguía trabajando.
Pasó siete décadas demostrando que hacer arte no solo es cuestión de producir objetos. Es lo que ocurre entre esos objetos y qué lo contempla y lo vive.