MANIFESTO
Soy Belén Pérez Chada y en este capítulo de mi vida me identifica la palabra Osceana
Me la inventé para ayudarme a reconocerme. Hace 23 meses decidí comenzar a investigar la relación entre mi voz, mi cuerpo y el ciclo lunar. Estos meses me llevaron a acercarme con más intimidad y amorosidad a quien soy, a mi vulnerabilidad, a mi música y a las ballenas. Hoy me encuentro en el sur de la
tierra donde nací, Argentina, terminando de grabar un primer disco de música con cetáceos, quienes se me presentaron como guías hacia una sabiduría femenina antigua de la existencia en este planeta.
¿Por qué todo esto? Porque me di cuenta que soy osceánica. Que soy cíclica y que oscilo a lo largo del mes. Por eso oSCeana, para recordarme de esta variación de ondas y aceptar una naturaleza que aún busca integrarse a mi escucha. La emocional, sexual, creativa y oscilante de las aguas que habito. Para amarme más y maltratarme menos. Para aceptarme más y culparme menos. Estoy descubriendo que mi tiempo es personal y único y se sintoniza naturalmente con el de la naturaleza. Mi "reloj" por así decirlo, está más cerca de ser la luna que el calendario gregoriano con certeza. Sí, el mismo que rige al mar. Y que tengo mucho que aprender de estos ciclos. Cuando digo aprender quiero decir, en realidad, desaprender para integrar la naturaleza que pulsa dentro mío, con menos resistencia y más goce. Soy parte de un orden orgánico, previo a mi razonar, que me sintoniza con la vida pulsante en todo lo que es. Por otro lado, mi hacer-sentir-pensar, responde a mi historia, el contexto cultural, familiar, físico, energético y emocional en el que fui creciendo. Responde a mi forma de percibir, de digerir la vida, desde mis tempranos respirares, según la gente y cosas que me rodeaban. Remite al árbol ancestral de donde vengo. Responde a ser parte de un pueblo, porteño y argentino, con sus formas de hacer-sentir-pensar, códigos, sentimientos, historia. Estoy inevitablemente hiperentramada a todo lo que ES a mi alrededor. Por eso escribo.
¿Cómo? Soy 70% agua, igual que vos. Igual que el planeta. La luna ejerce atracción gravitacional sobre las aguas de la Tierra. Va variando a lo largo de los 28 días que tarda en dar una vuelta a la Tierra. Esos movimientos afectan mi mundo emocional. El de todos los seres compuestos por agua. Me hacen, nos hacen, cambiante/s, oscilantes, sensibles, cíclicxs. Vivir sin tener esto en cuenta nos puede llevar por caminos de mucha frustración y resistencia; de incomprensión hacia nosotres mismos y los demás; de sufrimiento, desconexión, falta de empatía, separación, egoísmo... Sí, muchos de los males que vivimos hoy en día, más o menos escondidxs.
¿Se va entendiendo? Esta es una causa propia y global. Me estudio para conocerme más y a partir de eso tener vínculos y compartires de mayor autenticidad, amor, libertad, frescura y armonía. Me estudio por todes les seres emocionales, porque comprender nuestra naturaleza nos hace más humanxs, orgánicos y empáticos. Y lo hago por y a través del océano, percibiéndole como la gran madre de la existencia. El origen de la vida. Todos venimos de ahí.
¿Sabías que el agua de mar es sustituta del plasma sanguíneo por la similitud de su comsposición a la sangre humana?
¿Recordás que antes de nacer pasaste 9 meses en la panza de tu madre viviendo como anfibio/a? Somos criaturas acuáticas. Y el crecer y transformarnos en adultos sobre la tierra bajo ciertos paradigmas culturales nos llevó a alejarnos de cualidades del elemento agua clave para nuestrx presente; para la vida. La fluidez, la adaptabilidad, la fluctuación de su estado-temperatura, su permeabilidad, la frescura, su capacidad de ser gran masa de agua oceánico para convertirse en pequeña gota de niebla.
¿Cómo seríamos si nos dejáramos transformar por el presente que nos contiene, como lo hace el agua en mar, lago, río, botella? Te imaginás los beneficios para una sociedad, una civilización, una humanidad? Creo que una precisa premisa para adentrarnos en la cualidad cíclica es aceptarnos oscilantes y sensibles. Venimos de una educación y cultura guiada por la distorsión de lo masculino en perpetuación de poder. Algunxs le dicen patriarcado. Lo que veo es que fueron tiempos largos en los que se naturalizó la evasión, represión y negación de las emociones por considerarlas amenaza, incomprensibles, irracionales, desequilibrantes… ¿les suena? Sí, por considerarlas una debilidad sinónimo de peligro. En las estrategias y premisas de organización social de las últimas décadas predominan el control, la razón, la eficiencia, el “orden” forzado e impuesto, la búsqueda y petrificación de la idea de certeza, garantías…
Me gusta pensar que fue una idea de superviviencia que se hiperracionalizó, se desentendió de lo real y tangible, del mundo natural. Se endureció de miedo y creó una visión de la vida, guiada por la sobre-valoración de la razón y la sobre-estimulación mental. Pensar, prevenir, pensar, prevenir y, cuándo nos dimos cuenta, eramos hamsters de laboratorio. Sólo que atrapados en nuestras propias jaulas. y ahí andamos, corriendo colmados de estrés y ansiedad en los grandes bosques urbanos que construimos, dónde la tierra ya no se siente bajo los pies y el gris y el humo predominan en el horizonte. Siguen siendo-para mi sorpresa, aun después de lo insalubres que resultaron en la pandemia- los grandes centros atractores de población. Alrededor de la mitad de la población mundial vive en estos sitios. Volviendo al exceso de actividad mental, creamos exceso de herramientas y formas de organizar y eficientizar. Nada de esto es enemigo de la vida, no me malinterpreten. El tema es saber cuándo recurrir a la herramienta y no dejarla en la mano, por las dudas. Hoy nos sucede con los celulares.. pero qué rápido encontrarmos objetos de distracción.. por qué será? ¿De qué nos querremos distraer, me pregunto? Vos sabés de qué elegís distraerte cuando agarras el celular o te colgas en una red social? ¿O ya te olvidaste? Vuelvo a mi historia. Así, la cultura del trabajo se estructuró en días y horarios y sueldos que garanticen. ¿Garanticen, aseguren.. qué? me pregunto muy a menudo.
¿Alguna vez te preguntaste por qué nuestros espacios habitables, casas, trabajos, hospitales, son rectangulares, hechos en base al ángulo recto cuando en la naturaleza las geometrías que predominan son las curvas, la circularidad? Mirá tu cuerpo, el árbol, mirá el mar, los animales? ¿Dónde ves cuadrados? Nuestro campo energético es toroidal. Es decir, nuestro flujo energético circula como la geometría de una mandarina en la que nosotros estaríamos parados en el vacío central entre los gajos.
¿Te imaginás qué le pasa a tu energía cuando se choca con paredes rectas? Y esto es sólo un ejemplo puntual de las tantas acciones y aristas que presenta un modelo de vida obsoleto por su naturaleza misma, su falta de comprensión de la vida y sus flujos, por falta de integración a todo lo que es. Por falta de SENSIBILIDAD. Tenemos mucho que transformar para armonizar como especie con el resto de la vida en la Tierra. Y lo más interesante es que este proceso no implica "uy, tengo que ceder, bajar mi calidad de vida para que el colectivo este mejor... para que los pececitos no se mueran tanto" NO. La naturaleza que somos y nos rodea es tan perfectamente sabia y milenaria que el esfuerza de integrar y sensibilizarnos como especie va de la mano con nuestra evolución, nuestra transmutación. Es alquimia sagrada evolutiva, y además fuente y néctar de disfrute y placer.
¿Qué es eso de transmutación y alquimia? Me dirían algunes en mi país. Alquimia. definición del primer diccionario que aparece en google al buscar
Rama de la filosofía natural, cultivada en la edad media, que investigaba las transformaciones de la materia y tenía como fines principales el descubrimiento de la piedra filosofal y la panacea universal; y la transformación de los metales en oro. Así como los metales a través de la transmutación pueden llegar a ser oro, por procesos químicos y refinamiento, nos sucede lo mismo. Esos procesos químicos que nos refinen y nos lleven camino a estados de mayor iluminación, de brillo, de oro, dependerán de lo que nos nutra. De lo que comamos, lo que pensemos, de quienes nos rodeemos, de cómo hagamos lo que hagamos, de nuestra forma de respirar y accionar. Hay caminos, hay información. Lo que necesitamos es voluntad de cambio. Y hay otro detalle: no sabemos cuánto tiempo tenemos... el cambio climático, la crisis medioambiental precisa acción inminente, conciencia YA. No sabemos cuánto más existirá la vida en este planeta. Pero sí sabemos lo que podemos hacer para pasarla mejor, más en paz, nosotrxs y el resto de los seres sentipensantes que lo habitan.
-Mmm.. me perdí- dice una voz en mi imaginación del inconsciente colectivo. Gran parte del mundo “civilizado” creyó crecer alejándose de la naturaleza, léase de SU naturaleza. En vez de tierra, cemento. En vez de círculo, cuadrado (miren la arquitectura de las ciudades). Y fueron categorizando la vida basándose en el miedo a la escasez, creando formas, procesos y mecanismos para evitar el hambre, para GARANTIZAR la vida que terminaron por crear lo opuesto. En el mundo natural no hay nada que garantizar. La vida se resuelve momento a momento, por leyes vitales sustentadas en la confianza en la misma matriz. Observando a los animales podemos apreciar esto. A las plantas también. El hombre se perdió en el camino. Se apegó a sus mecanismos y se olvidó de lo esencial. El Principito, El caballero de la armadura oxidada, Juan Salvador Gaviota y tantos otros artistas nos recuerdan esta verdad. La crisis del agua y la de la tierra comienzan dentro nuestrx. Elementos vulnerados por nuestra cosmovisión y sus cualidades
TIERRA: sostén, nutrición, fertilidad, solidez, contención, cobijo, inercia térmica, peso. Del agua ya hablamos.
“Casualmente” los elementos asociados al femenino, receptivo, fueron postergados en la historia de la humanidad frente a la valoración excesiva del fuego y el aire. Fuego: la combustión, el carbón, la quema de combustibles fósiles, la acción, la electricidad, el calentamiento global, … ¿sigo? Y el aire, el pensamiento, la comunicación, la velocidad, las ideas, los aviones, los rascacielos, …
Ese camino nos trajo a
HOY:
un presente de CRISIS
crisis humanitaria. Crisis de un sistema político-económico-social-ambiental. La forma de vida humana proliferada en el hábitat urbano, es decir, la organización social e industrial en ciudades basada en la sociedad de consumo ya no es sostenible. Nos hemos convertido en maquinas de consumir y escupir residuos. Lo vemos claramente hoy. La Tierra, como todo ecosistema, posee una capacidad de carga. Un límite, un equilibrio entre seres y relaciones que puede tolerar para no colapsar. El estilo de vida de consumo y descarte, generador de desechos y contaminación fracturó el equilibrio y la armonía planetaria. Hoy la humanidad decrece a causa de un virus que tiene a grandes poblaciones humanas confinadas…
Hoy la grieta habla por sí sola. El planeta dijo: BASTA
Humanxs: Llegamos al punto de quiebre. ¿Logran verlo? ¿Logran sentirlo dentro? El dolor, la insatisfacción... ¿La grieta en cada cuerpo? ¿La emoción que desborda? Es el agua. Nuestras aguas hablan. Piden a gritos ahogados calma, tierra, paz. Aquellos que quedamos vivos… ¿creen que podemos seguir viviendo en ignorancia, negligencia y falta de conciencia del impacto de nuestras acciones? Es preciso ajustar algunas cuestiones. Cambiar hábitos de consumo, ya lo sabemos. Pero es aún más profundo que eso. Debemos aprender a integrar nuestro ciclo acuático-emocional a la vida. Aceptarlo. A integrarnos como seres. Integrar nuestro dolor, nuestrx trauma, las emociones y verdades que elegimos reprimir, negar y callar por tanto tiempo. La alfombra que tapa todo lo que quisiste esconder por no saber cómo gestionarlo en el pasado hoy deja ver el bulto. Se hizo grande la montaña. Se me viene la imagen de la serpiente que se comió al elefante del Principito. Como la isla que se ve desde la Península Valdes, a pocos kilómetros desde donde me encuentro reescribiendo este texto por tercera o cuarta vez. Y no hay nada que juzgar. Simplemente no sabíamos. No aprendimos en la escuela de la gestión emocional. Aprendimos a negar, disimular, ser grandes actores. Los personajes necesarios para sobrevivir socialmente en sociedad. Lo sé…
Hicimos lo que pudimxs en este circo social, creciendo con más o menos herramientas a disposición. Pero ya es tiempo. Se acabó la función. No hay más personaje que sostener. Podemos quitarnos la máscara y abrazarnos. Ya no es necesaria tanta farándula. Sólo escuchar al corazón herido. Acompañarlo. La grieta vive en cada uno de nosotrxs. Es una escisión. Una fragmentación naturalizada con potencial de sanación. Eso siempre. Amor. Fraternidad. Compasión. Ternura. Lo femenino que nos habita. A todes. Agua y tierra
Barro, tal vez ;)
Aprender a llorar, descargar, sí. Es sólo un pequeño ejemplo. Dejar de observarnos, medirnos y cuestionarnos como si fuéramos sacados de fabricación en serie, todos iguales; dogmados por un deber ser distópico, generador de neurosis y mecanismos de auto boicot generalizados y naturalizados por una especie con hambre…
¿Hambre de que? Hambre de vida, de amor, de buen vivir. De libertad de espíritu. Yo nací en esta sociedad. Pero mi espíritu me lleva por este camino de apertura, de sanación, anhelando libertad. Y creo que el tuyo también...
Para sentir y regocijarse en la liviandad del aire al respirar; la caricia de una brisa sobre la piel,
la fertilidad de la tierra bajo los pies, su olor y textura;
la fuerza, el calor y el poder del fuego
la frescura y fluidez del agua al entrar de a poquito a la madre mar. Volviendo a este proyecto,
Mi investigación me llevó a comenzar registrar y definir las canciones que pasaban a través mío, las que dejaba salir mi cuerpo. Y un día mi música se fusionó a la de los cetáceos. Hoy grabo mi primer álbum con ellos. Escucho una sabiduría, ancestralidad y grandeza en estos seres. Hoy deseo compartir lo que amo, que es hacer arte (música, murales, fotos) y dar talleres por el mundo, compartiendo mi visión, recordándonos lo realmente importante y ayudándonos a construir los hábitats que nos merecemos. Encontrar ese lugar cerca del mar donde construir mi casa de tierra o caña, tal vez, vivir juntx a otrxs que vibren conmigo. Entrá en mi instagram y fijate donde ando! Capas podés escucharme cantar, o venir a algún taller. Recibo comentarios y propuestas. Somos uno, al final.....y al principio. Si queres apoyar mi sueño, podés hacerlo por acá: https://linktr.ee/osceana
Mientras tanto
Seguiré
Conociéndome
Abriendo camino
Nadando mi océano de vida
Porque el océano no está allá afuera
El océano habita en mí. Como la montaña. Yo soy el océano y yo soy la montaña
YosoY
Osceana
Belén Pérez Chada
Este texto es de mi autoría. Para reproducirlo debés pedirme permiso y citarme. Gracias.