05/05/2026
Me divierte saber que cuando antes de vivirme la gente piensa en mí, casi automáticamente se les viene a la mente una imagen de largas extensiones de tierras áridas plagadas de cardones.
Aunque muchas de las fotografías que se muestran de mí no me hagan honor, la verdad es que un poco me gusta. Porque entonces cuando me conocen en persona, puedo sentir su sorpresa al descubrir mi fertilidad y mi diversidad en climas y paisajes. ¡Me encanta tener tantos contrastes! Además de los cardones y las llanuras, conviven en mí selvas húmedas y frescas con plantas exuberantes y mariposas felices, enormes salares en donde el sol resplandece y hace achinar la mirada, cerros coloridos que deslumbran y también extensos viñedos con fondos de cumbres nevadas. Me brotan aguas termales que relajan el alma y vertientes frescas que alivian caminatas.
Como toda mujer, soy cíclica. Mis ríos pasan de estar secos a crecer en un periquete, incluso a veces dejando partes mías incomunicadas.
No me gusta andar apurada así que me hice de unos buenos caminos finitos que bordean precipicios para invitarte a que recorras mis curvas despacio, a que te detengas a contemplarme.
Soy aventurera. Me gusta la adrenalina. Disfruto mucho de las gotitas heladas que me salpican los amantes del rafting.
Mi nombre es verbo hecho carne. Es una voz de aliento para que vayas por eso que sentís te hace feliz.
Me habita la calidez. Tengo la piel tostada por el sol y curtida por el viento, la mirada grande y profunda y una tonada alegre y cantarina. Doy la bienvenida con una sonrisa que reluce mi piel morena. No me importa la moda, me gusta vestirme mezclando colores y ponerme un sombrero para cuidarme del sol que siempre anda cerquita. Casi siempre me vas a encontrar de pollera pero eso sí: ¡no pretendas que me ponga tacos! Mi sabiduría es la de usar medias abrigadas y zapatillas cómodas. Soy simple, sí. Pero eso no implica que no me guste pintarme y vestirme de carnaval. Amo mis tradiciones y las respeto. Siempre tengo listo un convite para la Pachamama.
Me gusta vivir con alegría. Dicen que soy tan linda que enamoro. Pero a veces me pone triste que en vez de enamorarse y respetar mi esencia, en vez de disfrutar del sonido del sicus, escuchar una de mis coplas o peregrinar en silencio junto a la virgencita, los turistas me dejen ciega con sus flashes y se fijen solo en mi apariencia.
Si te dejás llevar por mi perfume especiado, de seguro llegarás a una olla de barro en donde estoy revolviendo un guiso con un cucharón enorme de madera. Subí los escalones de mi puerta de entrada, es de madera, un poco viejita. Vení, ¡dale! Te abro las puertas de mi casa y te comparto lo que tengo, que es también tuyo. Sentate a la sombra de la parra y cebame unos mates desde la pava mientras termino de asar la tortilla y preparar el arrope con el quesillo de cabra.
Si venís a conocerme, preparate para terminar con los pelos despeinados y cubiertos de tierra. Ponete cómodo para caminarme y aunque la arena tape tu huella, te prometo que mi luna va a hacer que vuelvas. Llevá con vos siempre unas hojitas de coca y si vas en auto, media cebolla al ladito del filtro de aire que acá del apunamiento no se salva nadie. Aunque sientas el sol de lleno, abrigate porque mis sombras son frías.
Si te entusiasmás andando, así de golpe te va a agarrar la noche y el cambio de temperatura es bastante brusco. No me gusta andar con vueltas: al día sol y a la noche, noche.
A esta altura ya te habrás dado cuenta de que soy una excelente anfitriona. Así que si me acompañás hasta la noche, te prometo más regalos. Si recorrés mis afueras, inhalarás mi cielo limpio y estrellado al abrigo de una fogata y si te quedás en mi centro… ahhh… entonces me llenaré de luces, de acordes de guitarra, me saborearás hecha vino y te seduciré bailando una zamba. Y ¡meta chango! Te convidaré, y en esto no hay humildad que valga,¡la más rica de las empanadas!