01/09/2026
El Llano parece infinito,
pero hasta eso se puede acabar.
Aquí la vida no le pide permiso a nadie:
corre entre los pastizales,
se hunde en los esteros,
se aferra a los morichales,
abre las alas sobre el agua
y desaparece entre la hierba.
Un bienparado,
un tigre,
un mochuelo,
son millones de años
llegando hasta nosotros
en una forma que nunca volverá a repetirse.
Y nosotros llegamos
con fracking, glifosato y bala,
miramos esta abundancia
y decidimos que era nuestra.
Pero el Llano no es nuestro.
Nunca lo fue.
Fuimos la especie
que puso precio a la tierra
y llamó progreso
a todo lo que podía arrancarle.
Por eso fotografío.
No para capturar pokemones,
ni para llenar una colección
antes de que desaparezcan.
Fotografío porque todavía están aquí.
Todavía tienen ojos.
Todavía tienen cuerpo.
Todavía pueden mirarnos
sin saber lo que estamos haciendo.
Y eso es lo que más me duele:
que mientras ellos siguen viviendo
como si mañana fuera posible,
nosotros ya estamos aprendiendo
a vivir sin ellos.
Estuvimos aquí.
Los vimos.
Y mi**da,
no hicimos nada.