07/01/2025
Piensa en los hongos, yo no entendía como podría freírlos, principalmente porque algo con tan poca agua iba a quedar, más que nada, tieso.
No es que fueran demasiado caros, pero tampoco baratos, ¡Tres sonrisas cada uno!
Una barbaridad de precio si te pones a pensar en lo dificil que es sacarle un miserable movimiento de labios a alguien hoy en día.
Pero él insistía en que los cocinara en español, nunca entendí esa lengua, y si servía para cocinar estoy segura de que todo quedaría demasiado ácido.
Al final terminó regalándome un libro de cocina, o eso creí yo. Cada cual se cuenta las mentiras que desea escuchar, y si es necesario ponerlas en los labios del otro, se ponen.
Estoy hablando mucho de labios, hablemos de la lengua, la que no entendía. Hasta donde yo sé las lenguas sirven para ser traducidas, y a veces para tragar una pastilla, no de esas dulces que él se traga cada vez que siente que contrajo soledad, y llevan mi nombre en un papelito que cuenta mis virtudes y muy pocos defectos, sino de las amargas de toda la vida.
Que no, que no entendía esa lengua ni sus formas, ni siquiera qué pintaba ese lápiz de colores ahí, porque algo tendría que pintar. Así que mucho menos entendí esas recetas, estaba claro que no decía como cocinar en español, pero tal vez sí cómo ordeñar una vaca.
No sé por qué a Dios se le ocurrió eso de la torre de Babel, tal vez era muy poco higiénico que una lengua se juntara con otra, pero en ese momento necesitaba saber cómo cocinar esos hongos. Quienes venían no comían cerdo, pero al parecer sí lo que crecía entre sus heces.
Nunca fui una mujer de tener mucho tacto, así que boté su regalo y se lo dije. Según él viviré la eternidad en un horno por haber hecho eso, no es que me importe mucho, ya hace bastante calor y alguien una vez me dijo que tenía cuerpo de pollo.
Un día después me di cuenta de que todos los maridos habían regalado el mismo libro de cocina a sus mujeres, y todas los habían dejado en los lugares más inapropiados, pero fuera de sus casas. Nadie cocinó cerdo nunca más, ni leyó otro libro de cocina.
Sí comimos hongos y medias lunas, aunque a nadie le gustaran.
Atentamente: Flor Suave al Tacto.