10/09/2026
Ella no quería que su casa quedara en el olvido…
Había pasado toda una vida entre aquellas paredes.
Allí se enamoró.
Allí crió a sus hijos.
Allí vio marcharse, uno a uno, a casi todos los que quiso.
Cuando envejeció empezó a repetir siempre lo mismo:
«Cuando yo falte, no dejéis morir esta casa».
No pedía que conservaran los muebles.
Ni sus vestidos.
Ni siquiera sus fotografías.
Solo quería que alguien volviera a encender la chimenea.
Que abriera las ventanas.
Que hubiera pasos en el pasillo otra vez.
Murió creyendo que sería así.
Han pasado más de treinta años.
La puerta continúa cerrada.
Y en la cocina sigue colgado su delantal,
cubierto de polvo…
como si aquella mujer hubiera salido un momento
y todavía no supiera
que nadie está esperándola.