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10/09/2026

Ella no quería que su casa quedara en el olvido…

Había pasado toda una vida entre aquellas paredes.
Allí se enamoró.
Allí crió a sus hijos.
Allí vio marcharse, uno a uno, a casi todos los que quiso.

Cuando envejeció empezó a repetir siempre lo mismo:

«Cuando yo falte, no dejéis morir esta casa».

No pedía que conservaran los muebles.
Ni sus vestidos.
Ni siquiera sus fotografías.

Solo quería que alguien volviera a encender la chimenea.
Que abriera las ventanas.
Que hubiera pasos en el pasillo otra vez.

Murió creyendo que sería así.

Han pasado más de treinta años.

La puerta continúa cerrada.

Y en la cocina sigue colgado su delantal,
cubierto de polvo…

como si aquella mujer hubiera salido un momento
y todavía no supiera
que nadie está esperándola.

Hubo un tiempo en el que 15 pesetas compraban un pequeño momento de felicidad.Un helado, una tarde de verano y las manos...
10/09/2026

Hubo un tiempo en el que 15 pesetas compraban un pequeño momento de felicidad.

Un helado, una tarde de verano y las manos pegajosas de un niño que todavía no sabía lo rápido que iba a pasar la vida.

En esta cama murió un hombre.Y saberlo cambia por completo la forma de mirar esta habitación.A su alrededor quedaron cie...
10/09/2026

En esta cama murió un hombre.

Y saberlo cambia por completo la forma de mirar esta habitación.

A su alrededor quedaron cientos de películas, libros, medicamentos, fotografías familiares… pequeños restos de una vida que, vista desde fuera, parecía estar llena de cosas.

Pero hay dolores que no ocupan espacio.

Nadie sabe cuánto tiempo llevaba luchando contra el suyo antes de aquella última noche. Cuántas veces se acostó aquí mirando el mismo techo, intentando encontrar una razón para aguantar un día más.

La cama sigue hecha.
Sus libros continúan en las estanterías.
Las películas que alguna vez le hicieron compañía acumulan polvo.
Y en las paredes todavía permanecen fotografías de personas a las que seguramente quiso.

Entré en muchas habitaciones abandonadas, pero pocas me hicieron bajar la cámara como esta.

Porque durante unos segundos dejé de ver ruinas.

Miré aquella almohada hundida y pensé en algo mucho más terrible:

alguien durmió aquí sin saber que una noche sería la última.

Y desde entonces, nadie volvió a cambiar las sábanas.

10/09/2026

Flora murió sola en la única casa de la aldea que todavía tenía vida.

Durante años soñó con una cosa muy sencilla:
que algún día su nieta cruzara aquella puerta.

Quería enseñarle dónde había nacido su familia,
el árbol que plantaron sus padres,
la cocina donde crecieron sus hijos
y aquel pedazo de tierra que para el resto del mundo no significaba nada…

pero para Flora lo era todo.

Decía que cuando ella faltara,
le gustaría que su nieta continuara allí.
Que cuidara la casa.
Que no dejara morir el apellido entre aquellas montañas.

Flora envejeció esperando conocerla.

Nunca ocurrió.

Murió sin poder abrazarla,
sin escucharla llamarla «güela»,
sin poder contarle de dónde venía.

Hoy la casa está vacía.

En una habitación todavía queda una pequeña caja que Flora había preparado para ella.

Dentro guardó fotografías de la familia,
unas cartas
y una llave.

La llave de una casa
a la que su nieta nunca llegó.

Aquí alguien aprendió que España y Portugal cabían enteros en las páginas de un libro.Que una inyección podía venir en u...
10/09/2026

Aquí alguien aprendió que España y Portugal cabían enteros en las páginas de un libro.

Que una inyección podía venir en una pequeña caja de cartón.
Que la ropa buena se colgaba con cuidado.
Y que las cosas importantes se guardaban dentro de un baúl, aunque nadie supiera que algún día se quedarían allí para siempre.

La cama todavía está hecha.

Ese detalle me destrozó.

Porque puedes imaginar perfectamente a la última persona que durmió aquí levantándose una mañana cualquiera, apartando las mantas, vistiéndose frente a aquel viejo espejo y saliendo de la habitación sin sospechar que llegaría un día en que nadie volvería a acostarse en ella.

Quedaron sus libros.
Su vestido.
Los baúles donde guardó media vida.
Hasta ese pequeño orinal junto a la cama que habla de una vejez que ya necesitaba tenerlo todo cerca.

Entré buscando una casa abandonada…

y terminé delante de una cama esperando a alguien que lleva demasiado tiempo sin volver.

09/09/2026

30 años después mis hijos no me recuerdan…

Los crié en esta casa.
Les curé las rodillas,
les preparé la cena
y me quedaba despierta cuando tenían fiebre.

Después crecieron.

Primero dejaron de venir los domingos.
Luego dejaron de llamar.
Y un día entendí que ya no estaban ocupados…

simplemente habían aprendido a vivir sin mí.

Cumplí años sola.
Pasé Navidades mirando la puerta.
Seguí dejando sus habitaciones como estaban,
por si alguna noche regresaban.

Nunca lo hicieron.

Cuando morí encontraron tres tazas sobre la mesa.

Una para mí.

Y dos para mis hijos.

El café llevaba años sin servirse.

Hay lugares abandonados que parecen haber envejecido.Este no.Este parece haber sido interrumpido.La puerta quedó abierta...
09/09/2026

Hay lugares abandonados que parecen haber envejecido.

Este no.

Este parece haber sido interrumpido.

La puerta quedó abierta hacia un jardín que ya no pide permiso para entrar. Los largos pasillos conservan aquel papel rojo que un día alguien eligió con ilusión. La escalera todavía guarda el brillo de miles de manos apoyándose en su barandilla.

Y en una habitación, un piano.

La partitura sigue abierta.

Eso fue lo que más me golpeó.

Porque durante unos segundos no vi humedad, techos cayéndose ni paredes enfermas. Imaginé unos dedos sobre aquellas teclas. Alguien escuchando desde otra habitación. Pasos bajando la escalera. Una puerta cerrándose. Una voz llamando desde el fondo del pasillo.

Vida.

Toda esa vida que un día parecía imposible que pudiera terminar.

Ahora puedes recorrer la casa entera sin cruzarte con nadie.

Subir sus escaleras.
Entrar en sus habitaciones.
Mirar por sus ventanas.

Y cuando llegas al piano…

la última canción sigue allí, abierta por la misma página.

Solo falta alguien que recuerde cómo continuaba.

Alguna vez, alguien se sentó frente a ese piano y llenó esta casa de música.Alguien acercó una silla a la mesa, abrió aq...
09/09/2026

Alguna vez, alguien se sentó frente a ese piano y llenó esta casa de música.

Alguien acercó una silla a la mesa, abrió aquel libro, sirvió una copa y dejó sus fotografías junto a las cosas importantes, como hacemos todos cuando creemos que todavía nos queda una vida entera por delante.

Ahora el jardín se ha tragado el camino.

Dentro, el piano permanece abierto, con la partitura esperando unas manos que no regresarán. Los retratos siguen mirando desde las paredes y sobre la mesa sobreviven los rostros de personas que un día tuvieron nombre, voz, manías, domingos y alguien que las esperaba.

Entré despacio.

No por miedo a que el suelo cediera…

sino por esa extraña sensación de estar caminando por los recuerdos de alguien.

Y pensé en lo terriblemente rápido que ocurre todo.

Un día eres tú quien aparece en las fotografías.
Tu perfume está sobre la mesa.
Tu canción favorita suena en el piano.

Y muchos años después…

un desconocido entra en silencio, encuentra tu retrato cubierto de polvo y se queda mirándote unos segundos.

Sin saber quién fuiste.

Sin saber a quién quisiste.

Sin imaginar que, alguna vez, todo aquello fue tu mundo entero.

09/09/2026

La casa de la que huyeron…

No se llevaron la ropa.
No recogieron las fotografías.
Ni siquiera vaciaron la nevera.

Simplemente se fueron.

Cuando entré, encontré las camas deshechas,
los armarios abiertos
y varios juguetes tirados por el pasillo.

Pero hubo algo extraño.

Sobre la mesa había una comida a medio terminar.

Una silla estaba caída en el suelo.

Y junto a la puerta…

unas llaves que nadie habría dejado allí
si realmente hubiera pensado marcharse.

Hay abandonos que esconden una historia mucho más grande de lo que imaginamos.Hace unos días publiqué unas fotografías d...
09/09/2026

Hay abandonos que esconden una historia mucho más grande de lo que imaginamos.

Hace unos días publiqué unas fotografías del Dragos, un barco que lleva años pudriéndose en San Esteban. Después de publicarlas recibí un mensaje que cambió por completo mi forma de mirarlo.

Me escribió la familia de quienes estuvieron detrás de su construcción.

El barco fue construido en seco, en un taller metálico de la zona. Sacarlo de allí y conseguir llevarlo hasta el agua fue una auténtica odisea: grúas enormes, un operativo espectacular e incluso televisión cubriendo aquel momento. Todavía conservan fotografías y vídeos de ese día.

Pero detrás de aquella imagen había una empresa endeudándose cada vez más para conseguir terminarlo.

Y entonces llegó la crisis de 2007-2008.

Las cuentas dejaron de aguantar. La empresa familiar terminó quebrando y el banco embargó el barco.

Años después, el Dragos continúa allí. Ha sido saqueado una y otra vez, oxidándose frente al agua, convertido en una sombra de aquello por lo que una familia llegó a jugarse tanto.

La persona que me escribió me confesó algo que se me quedó clavado:

Hace años que no se atreve a bajar a verlo.

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