29/08/2026
❌ Recuerdo que don Oscar llegó un día cualquiera con una maleta cargada de trocitos de Venezuela, de postales de sueños y estudios de teología, y sin saberlo la fue deshaciendo, prenda a prenda, en cada rincón de mi pueblo, y yo, que lo vi llegar, no imaginé entonces cuánto de mi vida iba a caber en la suya.
Fue en la placita del Pilar donde lo vi levantar por primera vez el ánimo de la vecindad, y luego la pandemia lo alejó de su parroquia, y volvió, y entre rezo y rezo lo vi crecer, hasta que anunció aquel viacrucis en solitario por las calles del pueblo con la mascarilla puesta, y fue él quien mandó quitar la palomina que se acumulaba en las bóvedas, allá arriba, y con ella se fue también un peso de encima de la iglesia, de las piedras que la sostienen desde hace siglos.
Y fue él quien rezó por la salud de mi madre, y quien, después, ofició su entierro en la más estricta soledad, y quien me alentó con sus palabras en los momentos más difíciles, y quien, cada vez que pasaba por la puerta de mi trabajo, se acercaba a saludarme, sin falta; no todo ha sido fácil entre nosotros, ha habido también desencuentros, pero los hemos hablado, y de ahí hemos salido más fuertes.
Y en este último verano, en aquella velada de mar y tierra, me confesó sus sueños y sus anhelos, y que bajó un día de aquel aeropuerto de Barajas, y que trece años después seguía aquí, en España, y que bajó para hacer realidad su sueño, y que ahora viaja a Roma, al centro mismo de la cristiandad, para seguir creciendo en su vida de sacerdote.
Siempre amable, siempre en la puerta de la Solana de nuestro templo, despidiendo y acogiendo a todo el mundo, con esa impronta caribeña y esas misas tan cercanas, don Oscar; hoy los parroquianos de Viso del Marqués, San Lorenzo, las Huertas y Bazán bendicen tu vida, porque eres un hombre de disciplina y, a la vez, un hombre amable, que siempre tiene una palabra para cada uno de nosotros, y esa frescura la vamos a echar en falta, esa calidez tan propia de tu tierra la vamos a echar en falta; seis años en el pueblo, seis años que esperamos hayan sido un aprendizaje más en tu largo camino de sabiduría entre los hombres y el altísimo, y ahora que te vas, no sabemos qué haremos sin ti, solo devolverte, en estas palabras, el cariño que tú nos diste: gracias, don Oscar.
Julián Garrido