05/05/2014
Hace algunos días asistí a una misión odontológica con la organización GUATEG, con el objetivo de suplir las necesidades de asistencia odontológica, en las aldeas de Tuiladrillo y Tuiquinambre, en el municipio de Ixchiguán, departamento de San Marcos.
En Tuiladrillo, visité el hogar de Don Rolando Chilel López, quien me contó su historia y sin saberlo cambiaría una gran parte de mi vida. Me invitó a su humilde casa y entré a lo que parecía ser su cocina y comedor, y a pesar de sus limitaciones, lo que más me asombró fue la cortesía y amabilidad con la que me recibieron Don Rolando y su familia.
Esperanza, la hija de Don Rolando me ofreció una taza de atol, la cual tomé con agradecimiento en lo que platicábamos con su padre. Esperanza, es la mayor de sus 5 hijos, ella cocinaba el almuerzo, para ayudar a su madre Maria Martínez de Chilel, quien estaba en el Centro de Salud. Mientras conversábamos con Don Rolando observé frente a mí a tres pequeños escondidos detrás de una silla de madera, Marcelino, Florentina y Delaire.
Delaire es la hija menor, con ocho años de edad, -todos asisten a la escuela,- contó Don Rolando orgullosamente. En ese momento entraba Perfecto, con una gasa entre la boca. -dos muelas le quitaron- me indicó señalando a su hijo. -A mí me quitaron tres muelas y a María le están quitando unos colmillos. Negros estaban los dientes, ya llevábamos días con dolor y sin poder comer.-
Don Rolando comentó que en la aldea no había mecánico, refiriéndose al dentista, para que le removieran los dientes, debía viajar a Ixchiguán, -treinta quetzales me saldría la ida y vuelta por los tres, más cincuenta por cada diente.- Me indico Aguantando el dolor, -no me alcanzaba para llevarlos, yo gano cuatrocientos quetzales, a veces menos.-
Tomando en cuenta el transporte y las extracciones, Don Rolando hubiese pagado Q430, más de lo que gana. -Trabajo como agricultor y cosecho papa, zanahoria y repollo,- contaba con entusiasmo. Sin embargo, debido a la falta de acceso al agua, solamente puede cosechar durante la época de lluvia.
¿Cuánto dolor soportan estas familias? ¿Por cuánto tiempo? ¿Cuánta hambre sufren? ¿Cuánta asistencia medica dejan de recibir? ¿Qué estamos haciendo por estos hermanos guatemaltecos? ¿Es suficiente una misión Odontológica cuatro veces al año? ¿Qué más puedo hacer por Don Rolando y su familia? ¿Qué más puedo hacer por mis hermanos guatemaltecos?
Esas fueron las preguntas que saltaron a mi mente mientras subía la montaña al Centro de Salud. Marcelino caminaba a mi lado. Fue a dejarme hasta el camino principal, como cuando acompañamos a nuestros invitados a la puerta. No me dejo tomarle una foto y con su respeto baje mi cámara. Le ofrecí mi mano para despedirme y la tomo dejando una huella en mi corazón. No sé, si la labor que realizamos cambió algo en Tuiladrillo o en el resto de aldeas. No sé, si dejamos huella en alguno de estos hermanos guatemaltecos pero lo intentamos y debemos de seguir intentándolo. Amémonos los unos a los otros, amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Sólo así encontraremos la paz.