27/10/2025
La ética del retrato
Apunto la cámara con la esperanza de que el sujeto quiera ser retratado. Es un acto violento fotografiar a personas que no desean mostrarse tal como son, o tal como se sienten. Por eso, al retratar a alguien, hay que darle unos segundos. Si no es un modelo profesional, le daremos tiempo para que piense, se arregle, se acomode y muestre la mejor versión de sí mismo. Si estaba teniendo un mal día, podrá esbozar una sonrisa; si se divertía, podrá relajarse. La foto es más bella cuando el sujeto está presente, porque retratas a quien quiere ser, en lugar de a quien ha podido ser.
La realidad y la historia no son exclusivas del artista. Este, como un abrecaminos, carga y se aferra a todo lo que puede de su pasado. Lo que tiene la fuerza de aferrarse a él, le permite vivir nuevas historias y lo lleva a un lugar inimaginable.
El arte y la percepción
Volviendo al tema, hay personas que no quieren ser percibidas. Cuando somos percibidos, recordamos que somos parte del mundo, que no vivimos solos en una burbuja. Aunque da miedo, es válido querer ser visto y apreciado por lo que uno mismo considera valioso en otras personas. Otras personas no saben hacer más que su arte, y lo harán bien o mal, con o sin juicio, con o sin presupuesto. Encontrarán algo que vale la pena compartir mientras esperan ser apreciados, y lo harán desde sí mismos o a través de otros. Y no podrán hacer más que eso. Cuando lo hagan, lo harán contigo.
Ahora está en tu arte el momento de integrar un inconfundible grito de agradecimiento a las posibilidades. Sin diferencia o diversidad evidente, no hay competencia; sin competencia, no hay humanidad. A veces la humanidad está sobrevalorada, y tus fotos también.