11/08/2026
¿Puedo confesarte algo?
Cada vez que salgo de viaje, entro a una tienda o incluso paso por un mercado de antigüedades... mi familia ya sabe que es muy probable que regrese con "otra cosa" para el estudio.
Y sí... muchas veces me preguntan:
*"¿Y eso para qué lo quieres?"*
La respuesta casi nunca la puedo explicar en ese momento.
Solo sé que, cuando veo una pieza especial, siento que algún bebé va a terminar haciendo magia con ella.
Así han llegado a mi estudio muchos de mis props favoritos. Un triciclo con muchísimo encanto, un caballito de madera que parece salido de un cuento, pequeñas sillas, canastas, juguetes y detalles que voy encontrando en distintos lugares y que, poco a poco, se convierten en parte de este espacio que tanto amo.
No los compro porque estén de moda.
Los elijo porque tienen personalidad. Porque cuentan una historia. Porque hacen que cada sesión tenga ese pequeño detalle que la vuelve diferente.
En esta sesión, los papás soñaban con un estilo vaquerito. Y en cuanto imaginé las fotos, supe exactamente qué piezas quería usar para darle vida a esa idea.
Es de mis partes favoritas de este trabajo: imaginar, buscar, coleccionar y después ver cómo todo cobra sentido cuando un bebé llega al estudio.
Quizá para muchos solo sea un caballito de madera o un triciclo antiguo.
Para mí, son pequeños tesoros que he ido reuniendo con muchísimo cariño para crear recuerdos que, dentro de muchos años, sigan sintiéndose igual de especiales que el día en que fueron fotografiados.
Y creo que eso es lo que más disfruto de ser fotógrafa: convertir objetos con historia en escenarios donde comienzan nuevas historias.