Asociación de Arqueólogos del Perú

Asociación de Arqueólogos del Perú La Asociación de Arqueólogos del Perú (ASARP) es una organización civil privada sin fines de lucro.

La Asociación de Arqueólogos en Perú (ASARP) es una organización civil sin fines de lucro dedicada a difundir información, gestionar proyectos, impulsar la investigación y fomentar opiniones críticas sobre la arqueología y temas afines.

🚨✨ Noticias desde Condebamba, Cajamarca sobre investigaciones arqueológicas en Wancasanga. Por:  𝐀𝐥𝐜𝐚𝐥𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐩𝐞𝐫𝐯𝐢𝐬𝐚 𝐚𝐯𝐚𝐧𝐜...
26/07/2026

🚨✨ Noticias desde Condebamba, Cajamarca sobre investigaciones arqueológicas en Wancasanga.

Por:

𝐀𝐥𝐜𝐚𝐥𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐩𝐞𝐫𝐯𝐢𝐬𝐚 𝐚𝐯𝐚𝐧𝐜𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐢𝐧𝐯𝐞𝐬𝐭𝐢𝐠𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐚𝐫𝐪𝐮𝐞𝐨𝐥ó𝐠𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐬𝐞𝐜𝐭𝐨𝐫 𝐖𝐚𝐧𝐜𝐚𝐬𝐚𝐧𝐠𝐚



🔵La Municipalidad Distrital de Condebamba continúa impulsando la protección y puesta en valor del patrimonio cultural del distrito. En ese marco, el alcalde realizó una visita de supervisión a los trabajos de excavación arqueológica que se ejecutan en el sector de Wancasanga, constatando el importante avance de las investigaciones.

🔵Los trabajos son ejecutados por arqueólogos licenciados y habilitados, inscritos en el Colegio de Arqueólogos del Perú (COARPE), quienes vienen desarrollando excavaciones mediante unidades de excavación y trincheras. Estas intervenciones tienen como objetivo recuperar, registrar y analizar científicamente las evidencias arqueológicas presentes en el sitio, permitiendo conocer las características del asentamiento, establecer la secuencia de ocupación del lugar y obtener información sobre la cultura a la que pertenecieron sus antiguos habitantes, así como su cronología y otros aspectos de relevancia histórica.

🔵Durante la visita, el burgomaestre recibió un informe sobre el progreso de las investigaciones y destacó la importancia de estos estudios para fortalecer la identidad cultural de Condebamba y promover la conservación de su legado histórico.

🔵Estas acciones representan un paso fundamental hacia la puesta en valor del sitio arqueológico Wancasanga, permitiendo generar información técnica que contribuirá a futuras investigaciones, así como al desarrollo de proyectos orientados a la protección, conservación, investigación y difusión del patrimonio cultural del distrito.

📰 Fuente: web.facebook.com/share/p/1ESvV9sq3d/



🚨✨ Descubren un antiguo hospital colonial bajo el Santuario de Santa Rosa en LimaPor: Esther Vargas, Perú21.Un important...
22/07/2026

🚨✨ Descubren un antiguo hospital colonial bajo el Santuario de Santa Rosa en Lima

Por: Esther Vargas, Perú21.

Un importante hallazgo arqueológico salió a la luz bajo el Santuario de Santa Rosa, en el Centro Histórico de Lima.

Especialistas de Prolima, gerencia de la Municipalidad Metropolitana de Lima, descubrieron restos del antiguo Hospital del Espíritu Santo, una institución de salud fundada en 1575 que funcionó durante los primeros años del Virreinato del Perú.

Las excavaciones permitieron identificar parte de la estructura del hospital y de una capilla anexa. Entre los hallazgos figuran muros, pisos originales, entierros humanos y un conjunto de azulejos coloniales que aportan nuevos datos sobre la historia de este emblemático sector de la capital.

"Identificamos el ingreso y los muros laterales de una capilla anexa al hospital. A su interior, debajo de un piso de ladrillo pastelero, hallamos una serie de entierros ubicados directamente en el terreno o en unas estructuras a manera de nicho", explicó Diego Pariona, arqueólogo de Prolima y responsable de la investigación.

Los trabajos también sacaron a la luz un amplio piso empedrado elaborado con canto rodado, una técnica característica de la arquitectura virreinal. En su superficie destaca el diseño de una flor de seis pétalos inscrita en un círculo, ubicada frente al antiguo ingreso del hospital.

Otro de los descubrimientos corresponde a un grupo de azulejos valencianos del siglo XVIII, de 21 centímetros por lado y decorados con motivos vegetales. Los especialistas analizan estas piezas para confirmar su origen y conocer más sobre los materiales utilizados en las edificaciones coloniales de Lima.

Un hospital con más de cuatro siglos de historia

El Hospital del Espíritu Santo fue fundado en 1575 por el comerciante griego Miguel de Acosta con la autorización del virrey Francisco de Toledo. En sus primeros años atendió a marinos, pilotos y personas vinculadas a las actividades portuarias, aunque posteriormente amplió sus servicios a otros habitantes de la entonces Ciudad de los Reyes.

Como parte de este proyecto, Prolima desarrolla labores de conservación y restauración de los restos arqueológicos hallados, respetando sus técnicas constructivas y materiales originales. El objetivo es preservar este patrimonio y ampliar el conocimiento sobre la evolución urbana e histórica del Centro Histórico de Lima.

📰 Fuente: https://peru21.pe/lima/descubren-un-antiguo-hospital-colonial-bajo-el-santuario-de-santa-rosa-en-lima/



🚨✨ Descubren evidencias de banquetes rituales y cerámica inédita en ciudad sagrada PacatnamúPor Moisés Aylas OrtizEn ape...
19/07/2026

🚨✨ Descubren evidencias de banquetes rituales y cerámica inédita en ciudad sagrada Pacatnamú

Por Moisés Aylas Ortiz

En apenas una semana de excavaciones en el complejo arqueológico Pacatnamú, ubicado en el valle de Jequetepeque, el Proyecto Arqueológico Pacatnamú documentó restos de alimentos traídos desde distintos pisos ecológicos, un fruto sagrado usado en rituales de sangre, fragmentos de cerámica de diversos estilos y procesos de sepultamiento ritual de templos, además de capas de reocupación de las culturas Moche y Lambayeque.

Así lo reveló la arqueóloga Carito Tavera, directora del Proyecto Arqueológico Pacatnamú, en declaraciones a la Agencia Andina. Resaltó que estos hallazgos permiten reconstruir la vida ritual de los peregrinos que llegaron durante siglos a la ciudad sagrada de Pacatnamú.

El trabajo de investigación es realizado por un equipo peruano-canadiense que codirigen el profesor Edward Swenson, de la Universidad de Toronto, y la arqueóloga Carito Tavera Medina, del Instituto Peruano de Estudios Arqueológicos (IPEA). Quienes han identificado, además de restos de alimentos y cerámica con estilos nunca antes registrados en el valle de Jequetepeque, un fruto de fuerte carga ritual y evidencia de clausuras ceremoniales antes de levantar nuevas construcciones sobre ellos.

Una ciudad reocupada por generaciones sucesivas

Tavera Medina indicó que las excavaciones se concentran por ahora en el sector de la Huaca 34, donde los arqueólogos hallaron evidencia de sucesivas reocupaciones del espacio a lo largo del tiempo. En algunas edificaciones coexisten construcciones de la cultura Moche con remodelaciones posteriores atribuidas a la cultura Lambayeque, del periodo intermedio tardío.

Según explicó la investigadora del Instituto Peruano de Estudios Arqueológicos, este patrón indica que los edificios de Pacatnamú no fueron abandonados de forma definitiva, sino reutilizados y transformados por distintos grupos humanos que mantuvieron, durante siglos, un vínculo simbólico y ceremonial con el lugar.

“Nos habla también de esta idea de las huacas, de los centros y los edificios como elementos vivos, que necesitan un cuidado, que necesitan procesos de renovación, y que responden a la vida, a la renovación de los ciclos dentro de la sociedad”, aseveró la codirectora del proyecto arqueológico.

Restos de un banquete de peregrinos

Uno de los hallazgos más reveladores es un área destinada a la preparación y consumo de alimentos, una evidencia que —según la arqueóloga— permite comprender cómo funcionaba la ciudad sagrada más allá de sus templos y plazas ceremoniales.

Explicó que en esa unidad de excavación se recuperaron restos de frutas como chirimoya y lúcuma, propias de zonas más altas del valle y ajenas al valle bajo, junto con moluscos marinos, peces y huesos de camélidos —llama o alpaca— consumidos como alimento. Para Tavera Medina, la presencia simultánea de productos procedentes de ecosistemas tan distintos confirma la intensa movilidad de personas y recursos que convergía en Pacatnamú durante las peregrinaciones.

El fruto sagrado que evitaba la coagulación de la sangre

Entre los hallazgos más significativos de esta primera temporada figura un fruto completo de ulluchu, planta con fuerte presencia en la iconografía mochica y asociada a la representación conocida como la “sacerdotisa de la copa”.

De acuerdo con estudios previos citados por la investigadora, esta planta habría sido utilizada en rituales para evitar la coagulación de la sangre empleada en ceremonias religiosas representadas en la cerámica moche. Aunque todavía no se han hallado ofrendas ni contextos funerarios en esta primera etapa, sí se identificaron procesos rituales de clausura arquitectónica, mediante los cuales antiguos templos eran cuidadosamente cubiertos antes de levantar nuevas estructuras sobre ellos, un procedimiento que evidencia que las huacas eran concebidas como espacios vivos que requerían renovación permanente.

Cerámica que no se había registrado antes en el valle

El equipo también documentó cerámica con estilos decorativos y formas que, según indicó Tavera Medina, Edward Swenson —quien investiga desde hace años en el valle de Jequetepeque— no había registrado previamente en la zona.

Para la codirectora del proyecto, este hallazgo abre nuevas interrogantes sobre cómo se construyeron las identidades culturales en torno a un centro ceremonial de la magnitud de Pacatnamú, comparable en algunos aspectos a Chan Chan y, por su función de oráculo y centro de peregrinaje, a Pachacamac.

“Este proyecto está enfocado en comprender cómo fue la construcción de la ciudad de Pacatnamú, entendiendo que este es un sitio de peregrinaje masivo en el área andina. Si buscamos un símil, la hermana de Pacatnamú sería Pachacamac”, afirmó Carito Tavera Medina, codirectora del proyecto.

Arqueología digital para documentar el deterioro del sitio

A la par de las excavaciones, el proyecto incorpora un componente de arqueología digital a cargo del Profesor Giles Spence Morrow de la Universidad de McMaster, Canada, quien compara registros de fotografías digitales históricas con el registro actual del complejo. El objetivo es identificar con precisión las zonas más afectadas por el saqueo y documentar el deterioro del sitio para fortalecer futuras estrategias de conservación.

Tavera Medina remarcó que conocer científicamente el sitio —cómo fue construido y qué evidencias conserva— constituye la principal herramienta para promover su protección y generar conciencia sobre su valor histórico entre la población y las autoridades.

Una temporada exploratoria, con más hallazgos por venir

La codirectora precisó que esta primera campaña tiene carácter exploratorio y que el proyecto está proyectado para desarrollarse durante al menos cuatro temporadas, periodo en el que se ampliarán las excavaciones y se profundizará el estudio de las evidencias ya registradas.

“Pacatnamú es un sitio inmenso. Se puede dedicar toda una vida a investigarlo y todavía quedarían muchas preguntas por responder”, concluyó la especialista.

📰 Fuente: https://andina.pe/agencia/noticia-descubren-evidencias-banquetes-rituales-y-ceramica-inedita-ciudad-sagrada-pacatnamu-1083882.aspx



📰📹🎙️Entrevista a Federico Kauffmann, el arqueólogo que José María Arguedas escogió como compañero de viaje: 'Los peruano...
18/07/2026

📰📹🎙️Entrevista a Federico Kauffmann, el arqueólogo que José María Arguedas escogió como compañero de viaje: 'Los peruanos somos menos amables ahora'

Por: Alejandro Céspedes García, Diario La Repíblica.

Federico Kauffmann, hoy de 98 años, es conocido sobre todo por sus expediciones a la zona nororiental del país, particularmente a la cultura Chachapoyas. Esta entrevista coincide con la presentación de la edición completa y revisada de su libro Cosmos Andino, publicado por primera vez hace más de 20 años por esta casa editorial.

—Alejandro Céspedes García: Doctor Kauffmann, muchísimas gracias por recibirnos. Antes de comenzar, hablábamos de sus orígenes, porque usted es natural del norte peruano y transitó por esas tierras desde antes de nacer. ¿Cómo siente ese vínculo y cómo cree que dio forma a su vocación de arqueólogo?

—Dr. Kauffmann: En primer lugar, muchísimas gracias por sus palabras. Mis padres, mi padre alemán y mi madre lambayecana, vivían y trabajaban en la parte oriental del país, en la margen derecha, en la parte alta del río Marañón. Yo no nací allí, pero fui engendrado allí. Nací en Chiclayo, de donde eran mis antepasados: Chiclayo y Lambayeque. A los tres años, después de haber sido cuidado por mi abuela materna, mis padres me llevaron de vuelta al sitio donde trabajaban, un pequeño pueblo llamado Cocochillo, hoy conocido como Campo Redondo.

Allí crecí durante siete años, con poncho y sandalias, porque mis padres entendían que debía vestirme así para no llamar la atención como un forastero. Recuerdo que, apenas llegué con mi terno normal de Chiclayo, los niños del lugar me miraban y salían corriendo. Después de unos días, mis padres ya me habían adaptado a la vida del sitio.

Recuerdo que mi padre me preguntó si quería seguir usando zapatos, porque era muy duro caminar como los demás, con ojotas entre semana y descalzos, salvo los domingos para la misa. Le dije que no importaba, que quería vestir como los demás y no ser visto como un bicho raro. Me hizo caminar un trecho sin zapatos para probar y, aunque me dolió bastante, le dije que no sentía nada. Así me crié durante siete años como un niño más de esa zona límite entre la sierra y la selva, donde el bosque amazónico sube hasta los 3.000 metros y se transforma poco a poco en lo que los geógrafos llaman bosque enano.

—Alejandro Céspedes García: Preparando esta entrevista, revisé los trabajos que usted nos hizo llegar, una obra que no es de uno ni dos años, sino de casi toda una vida. ¿Cuál cree que es el valor fundamental de esta obra para el país?

—Dr. Kauffmann: Da una idea general de todo nuestro pasado arqueológico, desde los tiempos más remotos, hace ocho o 10 mil años. He trabajado mucho para que pueda ser entendida por cualquier persona que haya terminado la secundaria, y no solo por un puñado de arqueólogos. Sin querer criticar a mis colegas, generalmente los arqueólogos escriben para otros arqueólogos y el público general no los entiende. Por eso me esforcé en simplificar el lenguaje sin desviarme del rigor científico.

—Alejandro Céspedes García: Algo que destaca en todo este proyecto de vida es la persistencia. ¿Cree que sin esa persistencia habría logrado lo que hoy tenemos entre manos?

—Dr. Kauffmann: No hubiera sido posible. En este libro hay conclusiones personales que explico de la forma más sencilla posible. Tengo, además, unas 200 publicaciones donde sí escribo para mis colegas arqueólogos.

Ser arqueólogo en el Perú es amar al país, amar la profundidad de su historia, saber cómo era hace 10 mil años, hace cinco mil, en la época de los incas, de los chachapoyas, de los chimús. El peruano en general ama su pasado y quiere saber más, pero no debe caer en la patriotería, que es distinta del patriotismo. A veces se encuentra un objeto y se dice que es oro sin verificarlo, y hay que ser conscientes de eso.

Por ejemplo, antes se decía que Machu Picchu era el palacio de un inca adonde iba a descansar. Eso no era así. Machu Picchu tenía un lado arquitectónico, sobre un santuario, y también sitios donde trabajaba la gente en inmensos andenes construidos sobre terrenos en declive, muchos de ellos todavía sepultados por el bosque.

Era, en realidad, un sitio de acopio de alimentos para enviarlos al Cusco. Con el fortalecimiento de la agricultura creció la población, y esa población demandaba más tierras cultivables. La tecnología permitió llevar agua desde lagunas cercanas y mejorar los cultivos, hasta que ya no quedaron laderas disponibles y fue necesario construir campos artificiales: los andenes. No los hicieron por gusto, sino porque la población lo exigía.

—Alejandro Céspedes García: Usted habla de la diferencia entre el patriotismo real y la fantasía sobre lo que no tenemos.

—Dr. Kauffmann: Así es. El territorio peruano es varias veces más grande que Alemania o Suiza, pero tenemos una costa árida donde apenas 30 o 40 ríos permiten vivir, y en la sierra los valles son estrechos, no como los amplios valles de Europa. Lo abrupto de nuestra cordillera es enorme.

—Alejandro Céspedes García: Escuchándolo, pienso en esa capacidad de resiliencia de las culturas para adaptarse y desarrollar tecnología y arquitectura. Y encuentro una paradoja, porque hoy la zona amazónica oriental está bastante abandonada. ¿Cómo ve usted esa paradoja desde su mirada de arqueólogo?

—Dr. Kauffmann: La ecología y el ambiente contribuyen mucho al desarrollo de las culturas. Los pueblos amazónicos nunca crecieron al punto de cubrir toda la Amazonía; existen pequeños grupos, los llamados chunchos, de cinco o 10 familias. Ellos no necesitan arar la tierra porque tienen animales, frutas y alimento a la mano. Con una cerbatana consiguen un ave, tienen yuca y chicha, y con eso les basta. Como el calor es fuerte, tampoco tuvieron necesidad de desarrollar tejidos elaborados como los antiguos peruanos que vivían a tres, cuatro o cinco mil metros de altura.

En la sierra, en cambio, la necesidad de sobrevivir obligó a levantar una cultura, algo que los amazónicos no necesitaron porque ya tenían todo a la mano. Hoy se ha olvidado un poco la importancia de lo ecológico en la formación del Estado, cuando fue determinante para las culturas antiguas y debería seguir siendo un aprendizaje para las nuevas.

—Alejandro Céspedes García: Hablemos de Cuélap. Usted fue una de las personas centrales en su estudio. ¿Cuál es su principal valor para el desarrollo de las culturas del nororiente?

—Dr. Kauffmann: Cuélap es magistral. En la cúspide de un cerro se levanta una muralla de hasta 20 metros de altura, que encierra una superficie llana donde hay entre 200 y 300 construcciones circulares pequeñas. Durante un tiempo se pensó que allí vivía un pueblo, pero, al investigar el problema de la alimentación y sin olvidar los fenómenos climáticos adversos que atrasaban las lluvias o traían tormentas, llegué a la conclusión de que eran reservorios.

De esos fenómenos climáticos surgía la religiosidad suprema del antiguo Perú. La gente estaba obligada a rendir homenaje a la divinidad que manejaba el agua. Hasta hoy, en pueblos pequeños, se practican los llamados tinkamientos, ofrendas a esa divinidad del agua para pedir buen clima, con chicha, cuyes y hasta llamas. Es dar para recibir, igual que la tinka actual, en la que se apuesta una cantidad pequeña esperando recibir mucho más.

—Alejandro Céspedes García: ¿Cómo puede un peruano ser patriota sin caer en la patriotería?

—Dr. Kauffmann: Hay que enseñarlo desde el colegio. Hay que decir, por ejemplo, que en Cuélap vivían solo los grandes, los que dominaban, y que ese grupo exigía a los campesinos un porcentaje de lo que producían. Cuando llegaba un cataclismo climático, esos reservorios entregaban alimento a los campesinos, que quedaban contentos y seguían sirviendo a ese grupo dominante. Tener ese sentido de realidad, y no solo la fantasía sobre lo que no tenemos, le cuesta mucho al peruano.

—Alejandro Céspedes García: Revisando su historia de vida, usted estudió en San Marcos y tuvo grandes maestros, entre ellos Jorge Basadre y José María Arguedas. Cuénteme sobre ese vínculo con Arguedas.

—Dr. Kauffmann: Con Arguedas viajé a Huancavelica. Me invitó a acompañarlo a una festividad y, naturalmente, acepté. Arguedas me tenía aprecio porque sentía que yo era un peruano de corazón, a pesar de mis apellidos, uno de origen alemán y otro escocés.

Hagamos también un poco de arqueología de mis propios antepasados, porque por otro lado también soy moche. Lo he dicho siempre con orgullo: tengo el honor de descender de los tres troncos raciales de la humanidad, el europeo por mi padre, el asiático por los antiguos peruanos que llegaron desde Asia y el africano, porque mi bisabuela tenía sangre morena, aunque no he podido confirmar si descendía de los zulúes.

—Alejandro Céspedes García: ¿Cómo influyó Porras Barrenechea en su formación?

—Dr. Kauffmann: Tuve la suerte de presentar una tesis sobre los antecedentes escritos que tocaban Chavín, revisando las crónicas coloniales y republicanas. Era un trabajo que le agradaba a Porras. Cuando fue nombrado embajador, yo era muy joven todavía. Lo acompañaba en la cátedra Félix Álvarez Brun, ancashino y también profesor mío. Porras dictaba clases solo una vez por semana por sus otras ocupaciones, y yo quedé como auxiliar de la cátedra. Al fallecer él, me quedé a cargo de la cátedra.

Enseñé en San Marcos hasta que, en 1968, cuando asumió el general Velasco, la Federación Universitaria me expulsó, porque suponían que yo era aprista. Nunca pertenecí a ningún partido, ni de izquierda ni de derecha, solo a mis libros. Dependía directamente del rectorado, y el rector en ese momento era de apellido Sánchez, así que me vincularon con él sin fundamento.

Cuando me expulsaron, muchos profesores expresaron públicamente su solidaridad, entre ellos Jorge Basadre Grohmann, historiador y ministro de Educación; Carlos Neuhaus Ugarteche; Luis E. Valcárcel; Fernando Silva Santisteban; Emilio Romero; José Agustín de la Puente Candamo; José Castro Harrison; Francisco Stastny; Rodolfo Holzmann; Jorge C. Muelle; Juan Manuel Ugarte Eléspuru y Rubén Vargas Ugarte, entre otros. Eso demuestra que sabían perfectamente que yo no era político.

—Alejandro Céspedes García: Volvamos a Arguedas y a esos viajes. ¿Cómo influyó él en sus expediciones al Perú profundo, como él mismo lo llamaba?

—Dr. Kauffmann: Uno sentía lo que sentía el maestro, y él me contagiaba ese fervor por lo peruano. Recuerdo que en aquel pueblo había que bailar huayno, y yo ya lo bailaba bien porque había pasado un año en Áncash, en Chavín. Eso le llamó la atención, porque él me consideraba muy limeño, y verme bailar como un verdadero cordillerano lo sorprendió. Fue poca experiencia, pero magnífica.

—Alejandro Céspedes García: Nos vamos acercando al final. En esta nueva edición, con sus primeros borradores, ¿con qué mirada cree que debería leerse la obra?

—Dr. Kauffmann: Está escrita no solo para arqueólogos, aunque también les sirve a ellos. Está redactada de la forma más apegada posible a la ciencia, pero de modo que cualquier persona pueda leerla, con abundantes ilustraciones. Eso fue lo que descubrió en la edición anterior el señor Paulo Pantigoso, y por eso me pidió reeditar esta obra de tres tomos y más de 1.000 páginas, que reúne muchos trabajos que antes solo llegaban a otros arqueólogos.

—Alejandro Céspedes García: En su experiencia profesional y de vida, ¿cómo ha cambiado el Perú?

—Dr. Kauffmann: El Perú que conocí cuando trabajaba, antes de cumplir 98 años como ahora, era distinto, y lo añoro. Ya no podría viajar como antes, muchas veces solo, por Apurímac, por Áncash o por cualquier sitio, para investigar y recoger las leyendas que me contaban. En esa época viajaba casi sin dinero porque la gente era muy amable, más de lo que es ahora.

En esas caminatas estuve dos veces cerca de morir, no porque la gente fuera mala. Recuerdo que, siendo todavía bachiller, acompañé al doctor Muelle, director del Museo de Antropología, a Chavín, para retirar las capas con que las tempestades habían cubierto el sitio. De regreso, me quedé cerca de Recuay, en la sierra de Áncash, con la intención de caminar hasta Guarmey en tres días.

En dos ocasiones estuve a punto de que me hicieran daño porque me confundieron con un pistaco, según la creencia de que esas figuras sacaban grasa humana para hacer funcionar maquinaria fina en Lima. En una de esas ocasiones me acerqué a una casa donde unas señoras tejían y, al verme llegar, tomaron piedras y gritaron alarmadas. En otra oportunidad, mientras viajaba por la selva baja cerca del río Ene, un grupo de comités de autodefensa armados con escopetas, que colaboraban con los militares contra el terrorismo, me confundió con un terrorista, hasta que un traductor aclaró la situación.

—Alejandro Céspedes García: Para terminar, ¿qué le diría a quienes quieren estudiar arqueología hoy y sienten que no hay futuro en esta carrera?

—Dr. Kauffmann: Es un problema real, que yo mismo viví. Cuando era director del Museo de Arqueología, un grupo de mochileros italianos que visitaba el museo me preguntó sobre una pieza, y terminé conversando con uno de ellos, que hablaba español. Al enterarse de que yo era arqueólogo, pero no tenía recursos para hacer trabajo de campo, me preguntó cuánto costaría una expedición completa. Le expliqué que se necesitaban dos etapas: una primera de reconocimiento con dos o tres personas, de unos US$6.000, y una segunda de investigación propiamente dicha, con cinco a ocho personas durante varias semanas, de unos US$7.000 u US$8.000.

Quince días después se presentó el agregado cultural de la Embajada de Italia con un sobre con US$4.000 para la primera etapa, enviado por Giancarlo Ligabue, un empresario de Venecia a quien yo había conocido antes. Hice un buen trabajo, y eso permitió financiar 17 expediciones en total, en Arequipa, Machu Picchu, Chachapoyas y otros lugares, que dieron origen a numerosos artículos publicados.

Fuente: https://larepublica.pe/cultural/2026/07/07/federico-kauffmann-el-arqueologo-que-jose-maria-arguedas-escogio-como-companero-de-viaje-el-sentido-de-realidad-cuesta-mucho-al-peruano-hnews-652344

Imágenes: Diario La República y © ANDINA / Editora Perú.



🚨✨ ¡Extraordinario hallazgo! Mincul revela ofrenda ritual de 3,800 años hallada en Peñico, en el valle de SupeSe trata d...
13/07/2026

🚨✨ ¡Extraordinario hallazgo! Mincul revela ofrenda ritual de 3,800 años hallada en Peñico, en el valle de Supe

Se trata de objetos de madera y hueso que refuerzan la importancia que tuvo dicho centro urbano para la Civilización Caral.

Un extraordinario hallazgo realizado en el sitio arqueológico Peñico (1800 - 1500 a. C.), ubicado en la provincia de Huaura, departamento de Lima, aporta nuevas evidencias sobre los procesos de continuidad cultural desarrollados en el valle de Supe posterior al abandono de los principales centros urbanos de la Civilización Caral (3000 - 1800 a. C.).
Investigadores de la Zona Arqueológica Caral (ZAC), Unidad Ejecutora 003 del Ministerio de Cultura, dirigidos por la doctora Ruth Shady Solís, identificaron una ofrenda excepcional, que fue depositada cuidadosamente durante un ritual asociado a la construcción de una nueva plataforma del Edificio Público Mayor (subsector B1-B3) del asentamiento.

Ofrenda ritual

La ofrenda estaba compuesta por 43 piezas elaboradas en madera y hueso, con diseños grabados y otras que presentan evidencias de exposición al fuego. Entre ellos se identifican representaciones de personajes míticos, figuras antropomorfas –incluida una representación femenina y posibles autoridades-, figuras zoomorfas como aves, serpientes y renacuajos, además de motivos geométricos y formas abstractas. Varias piezas presentan cavidades destinadas a la incrustación de minerales o piedras semipreciosas, lo que refuerza su asociación con prácticas ceremoniales.

También tres cuentas y tres fragmentos de crisocola; dos fragmentos de cuentas de co**ha de gasterópodo terrestre (familia Orthalicidae); nueve representaciones de ojos elaboradas en co**ha de moluscos, destinadas a ser colocadas en esculturas; y ocho objetos menores, de formas diversas, en proceso de investigación.

El hallazgo se produjo en un pequeño espacio delimitado por cantos rodados dispuestos en forma semicircular y cubierto por una piedra de gran tamaño. La estructura, que contenía tanto el relleno de tierra como los objetos rituales, mide 22 centímetros de largo. Este contexto arqueológico constituye una clara evidencia de un acto ceremonial planificado y de profundo significado simbólico para la sociedad de Peñico.

Importancia del hallazgo

El Ministerio de Cultura informó que el descubrimiento trasciende el ámbito académico, ya que constituye un testimonio excepcional de una sociedad que mantuvo viva una tradición cultural originada en el valle de Supe y que contribuyó a la transmisión de conocimientos fundamentales para el desarrollo de las sociedades andinas posteriores.

Peñico demuestra que, incluso tras el ocaso de los antiguos centros urbanos de la Civilización Caral, los conocimientos, la memoria y las creencias de sus pobladores continuaron vigentes, transformándose y proyectándose en nuevas expresiones culturales, señala el Mincul en nota de prensa.

Herencia cultural

El centro urbano Peñico fue fundado hacía el año 1 800 a. C., con un área de ocupación arqueológica de 19.44 hectáreas, en un periodo posterior a la pérdida de prestigio de los primeros y más antiguos centros urbanos de la Civilización Caral, entre ellos la Ciudad Sagrada de Caral-Supe, que se encuentra a 12.93 km de distancia. Lejos de representar una ruptura cultural, las investigaciones indican que esta ciudad, en la que se hallaron 15 edificios públicos, fue concebida como un espacio de integración entre la costa y la sierra, al que incluso llegaron bienes procedentes de la selva, preservó y transformó conocimientos, prácticas rituales y formas de organización heredados de la tradición Caral, que había florecido siglos antes en el mismo valle.

El reciente hallazgo constituye una evidencia de esa continuidad histórica. Los especialistas han identificado similitudes en los materiales empleados, las técnicas de incisión y los patrones iconográficos presentes en las piezas recuperadas. Además, los análisis arqueológicos señalan que la ofrenda fue depositada durante las etapas iniciales de construcción del Edificio Público Mayor, como parte de ceremonias vinculadas a la consagración de espacios arquitectónicos de especial relevancia.

Peñico Raymi

Después de nueve años de intensos trabajos de investigación y conservación, a los que se integra la puesta en valor de este sitio, la Zona Arqueológica Caral organizará el segundo Peñico Raymi. Esta fiesta tradicional andina, de ingreso gratuito, se realizará el sábado 11 de julio de 2026, a las 10:00 a. m. Se presentarán diversas actividades culturales. El evento incluirá una ceremonia de pago a la Pachamama, un reconocimiento a la población local por su identificación con el patrimonio cultural y un festival artístico.

📰 Fuente: https://elperuano.pe/noticia/299597-extraordinario-hallazgo-mincul-revela-ofrenda-ritual-de-3800-anos-hallada-en-penico-en-el-valle-de-supe



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Lima
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