31/10/2020
Así le dejaron la casa a MI AMIGO Luis
Todas las mañanas, cuando se despierta adentro de su carpa de nylon, Luis Alberto Avalos agarra el teléfono y les manda un audio a su pareja, a su hijo de dos años y a su mamá, que están en Paraguay. Casi siempre es el mismo mensaje: les pregunta cómo durmieron y si están bien.
Luis Alberto tiene 40 años y nació en Lomas de Zamora, pero como sus padres son paraguayos, siempre estuvo yendo y viniendo al país vecino. El 27 de febrero llegó para comenzar un trabajo en la construcción, pero a las pocas semanas la cuarentena le arruinó todos sus planes: el empleo se cortó y su familia quedó del otro lado de la frontera.
Dos meses después ya no tenía dinero y no pudo seguir pagando el alquiler.
La historia de Luis Alberto, como define él mismo, “es una historia muy triste”, al igual que casi todas las que se encuentran aquí en Guernica, en la última línea del conurbano sur, una zona donde se dibuja el cada vez más estrecho límite entre el campo, las barriadas y el boom de countries.
Luis Alberto tenía un terreno y una casita en González Catán, pero cuando su padre se enfermó debió venderla para costear los viajes a Paraguay y los gastos de internación y medicamentos. Su papá finalmente falleció. Y ahora debe cuidar a su mamá, que quedó sola en el interior paraguayo.
—Con ella aprendí a tomar maté —dice Luis Alberto—. Aprendí a hacerle compañía. Y aprendimos a llorar juntos.
En Paraguay conoció a su mujer y tuvieron un hijo. Sin embargo, siempre vuelve a Buenos Aires porque el trabajo se paga mejor: un oficial albañil, ejemplifica, gana allá mil pesos argentinos por jornada. Acá, un ayudante gana casi el doble.
Luis Alberto no puede quedarse quieto. Limpia su terreno, el de al lado, les arma las carpas a varios vecinos con lo que tiene a mano.
improvisada.
Es carpintero, pero las maderas con las que hace magia son ramas y cajones de verduras.
Es colocador de cerámicas, pero duerme sobre un piso de tierra.
—Mi familia me da su aliento desde allá para que aguante. Es muy difícil estar acá— dice. Asegura que puede aguantar. Pero que para eso, necesita un lugar desde donde empezar.