11/02/2020
¿Cómo describir en palabras la adrenalina que vivimos el sábado para hacer estas fotos?... ¿cómo?
Hace casi un año nos reuníamos con Kiara y sus papás para hablar de las fotos de sus 15 años.
Hace casi un año planeábamos y organizábamos todo con tiempo y paciencia.
Kiari llevaba a cada reunión un cuadernito donde anotaba todo. ¡Todo!... su fiesta de 15 años para ella era muy especial y quería disfrutar de cada momento, de cada cosa que iba planeando o haciendo. En una de las reuniones me entregó una cajita con fotos para escanear, todas enumeradas y ordenadas por fecha, y un pendrive con el resto de las fotos, también ordenadas año a año y con un número. Súper detallista en todo.
Planeamos las fotos de su book con meses de anticipación, me envió fotos de muestra de lo que ella quería, peinados, maquillajes... todo lo que se le ocurría llegaba a mi whatsapp. Y allí estaban detrás de todo eso también sus papás, apoyando y acompañando desde sus lugares el sueño de ella.
En cada reunión Kiari hablaba de sus 15 con los ojos brillosos y una sonrisa sutil dibujada en su rostro. La fiesta tenía que ser mágica, si!
Desde diciembre veníamos planeando dónde hacer las fotos de su noche soñada antes de ir al salón. Ella quería éstas fotos en el Parque del Chateau, y se encargó hasta de averiguar a qué hora cerraban para ver si llegaríamos con el tiempo. El parque cerraba temprano, así que organizamos todos los preparativos temprano para poder llegar antes de que cierren.
Pero.... ¡¡¡perooo!!!, a pesar de toda la planificación de los últimos meses, esa noche el tiempo parecía acelerarse y cada minuto duraba nada. La maquilladora corrió, la peluquera se apuró, su papá manejó al límite de velocidad, y allí estábamos, yendo al parque sin saber si llegaríamos a tiempo.
A pesar de tener tramitadas las autorizaciones para hacer las fotos en ese lugar, no iban a servir de nada si el parque estaba cerrado. Pero... (peeeeeero), gentilmente los guardias nos brindaron unos minutos más para poder hacer las fotos. Sus fotos, las que ella soñó hace meses.
Y allí estábamos, con el corazón en la mano, adrenalina en las venas y la camisa transpirada... y como si fuera poco, las luces del parque apagadas (y sí, ya era tarde) Así que echamos mano a los flashes que llevaba en el baúl del auto, y armándolos a contra reloj logramos realizar las fotos.
Dicen que todo esfuerzo tiene su recompensa. Y la nuestra fue que el cielo se despejó y, de entre las nubes, la luna también nos regaló un poquito de su magia.
Ver la sonrisa en el rostro de Kiara, no tuvo precio. Para todo lo demás existe MasterCard (cuak).
Los quiero!