23/04/2019
En una de las regiones más hermosas de La Rioja, se encuentra una obra dormida que resiste al paso del tiempo, el Cable carril Chilecito, una antigua mina de Oro ubicada a 3000 metros de altura en la montaña. Al final del recorrido, un curioso paseo dentro de socavones y la planta procesadora con sus motores diésel oxidados, los hornos de fundición y las ruinas de un pueblito fantasma que llego a tener 600 habitantes.
A lo largo de los siglos, la riqueza en oro y plata de las montañas del cordón del Famatina hicieron del Valle de Chilecito uno de los centros mineros más importantes del país. Una de estas minas de oro fue explotada por los indios diaguitas, tarea que luego continuaron los incas, los jesuitas y el gobierno de Facundo Quiroga. Más tarde la mina "El Oro" cayó en manos de una compañía norteamericana hasta que el gobierno de Perón la estatizó y fue abandonada.
Fruto de la centenaria avidez humana quedaron 2800 metros de túneles que atraviesan la montaña y los restos de un pueblito minero que llego a tener 600 habitantes. En la actualidad, con sus clavos tirados en el piso, los bulones acumulados arriba de una mesa en un túnel, y el hornillo de fundición de lingotes, la mina El Oro y su pueblo fantasma se ha convertido en un particular destino turístico que pocos conocen.
El lugar lo denominan Puesto Las Placetas. Allí,hay una rústica cabaña, junto a ella aún se conservan las ruinas del asentamiento minero construido con paredes de piedra en la época de los jesuitas (siglo XVIII).
El recorrido continúa y al final de una quebrada desemboca en un vallecito muy profundo donde está la mina. Sobre un enorme peñasco permanecen las estructuras de acero y cemento que albergaban un pequeño pueblo y toda la maquinaria para procesar el oro, a 3000 metros de altura. El estado de las cosas es bastante ruinoso, a pesar de que hasta 1984 todo se mantuvo en pie gracias al extremo aislamiento pero al correrse la voz de que podía haber lingotes escondidos llegó gente para destrozar todo, queriendo cumplir una vez más el esquivo sueño dorado.
>El pueblito y la mina: Junto a un precipicio hay una plataforma de cemento con una solitaria chimenea de piedra. Es lo que queda del hotel donde se hospedaban los empresarios norteamericanos. Su estructura de dos plantas era de madera, al estilo del lejano oeste norteamericano, pero como se creía que en sus paredes se escondían fabulosos tesoros, fue reducida en vano a cenizas.
El fantasmal circuito continúa a pie a través de la vía de trocha angosta abandonada por donde se trasladaban las vagonetas con el mineral. Después de cruzar un puente sobre un precipicio de 30 metros se llega a los socavones. En el interior hay una mesa con tuercas gigantes desparramadas, herramientas rotas y viejas vagonetas oxidadas. Y en una de las paredes se ven decenas de orificios hechos con un taladro, donde se ponía la dinamita.
A un costado de la entrada al socavon hay un túnel más pequeño que albergaba el polvorín, y junto a un precipicio está el enorme galpón de acero con sus chapas caídas donde funcionaba la usina eléctrica y la planta de procesamiento de oro. Allí hay un gigantesco motor diesel y una polea de transmisión. También están los restos del molino que trituraba el material y las piletas donde se hacia la fundición. A un costado del recinto aun se conserva el hornito que servía para preparar los lingotes, que a simple vista es igual que uno de pan casero.
>Historia de la mina: Los primeros pobladores de La Rioja fueron los Diaguitas quienes extraían el mineral de las sierras del Famatina. Luego los Incas colonizaron a esta tribu y venían hasta la mina en busca del oro por medio del camino del Inca. El incipiente desarrollo atrajo a numerosos buscadores de oro, pero la verdadera explotación minera de la región la organiza la orden de los jesuitas, quienes utilizaron la pólvora, y construyeron los primeros túneles y socavones en la montaña.
Posteriormente, durante la etapa de la organización nacional, Facundo Quiroga reanuda la actividad minera con el fin de acuñar monedas de oro. En 1830 el caudillo crea la primera casa de la moneda del país, en la ciudad de Chilecito. A los pocos años del morir Quiroga, una empresa francesa retoma el trabajo de la extracción del mineral de las minas de Chilecito hasta principios del siglo pasado, cuando el patrón plata se reemplaza por el de oro y se paraliza la extracción de plata.
En 1930 se pone en marcha otra vez la mina El Oro, y a partir de entonces fue explotada por numerosas empresas hasta 1964, año en que fue abandonada hasta nuestros días.
Una tierra que irradia oro y aguas sulfurosas. El color que predomina en toda la región del Famatina. Un color ocre, que más allá de ser una manifestación de la naturaleza, constituye una voz, un grito detenido en el tiempo, desbordante de historias de montaña, de historias de vida de una de las regiones más hermosas de nuestro país y más ricas en historia.