01/01/2026
La mirada de un promesante revela una verdad inquebrantable: que lo único que no perderá en esta vida es la fe.
En sus ojos habitan las lágrimas del recuerdo, por todo aquello que perdió, pero también por lo vivido y agradecido por ello. Son lágrimas de dolor y de gratitud a la vez.
Su mirada, a veces perdida y desolada, carga el peso de la historia personal, del sacrificio y de la promesa cumplida.
Suena el himno de su imagen más devota y la piel se eriza como una inyección de adrenalina que te impulsa a cantarlo con la fuerza del corazón.
Y luego...
En un silencio profundo su mirada expresa la devoción del pueblo hacia una fe que no se explica, se siente; una fe que sostiene, incluso cuando todo parece haberse ido.
Encuentro del 31 de diciembre del pésimo 2025.