06/02/2026
A veces, cuando una avanza,
se olvida de dónde empezó.
Yo empecé con un teléfono chico
y el impulso enorme de mirar.
Sin pensar en calidad,
en seguidores,
en si gustaba o no.
Solo miraba
y apretaba el botón
porque algo en mí lo necesitaba.
Después vinieron los trabajos,
las corridas,
las ideas que pesaban en la cabeza,
la frustración,
las pausas forzadas.
Trabajos gratis, sí,
pero llenos de ganas.
Porque nunca fue solo por el pago,
sino por la experiencia,
por el resultado,
por esa chispa que aparece
cuando algo, incluso a último momento,
funciona.
Un día me di cuenta
de que había dejado la cámara
para ocasiones especiales,
para viajes,
para sesiones planeadas,
para cuando alguien me contrataba.
Y me estaba perdiendo lo más simple:
mi día a día.
Hoy vuelvo al inicio.
A la cámara que siempre está a mano.
A fotografiar lo cotidiano,
lo que encuentro caminando,
lo que parece pequeño
pero me rodea con belleza.
Sin pensar.
Sin correr.
Solo estando.
Quiero guardar el presente
como se guarda un recuerdo querido.
Para mañana imprimirlo,
armando un álbum
donde viva lo simple,
lo imperfecto,
lo real.
Esto es volver a mí.
Esto es recordar por qué amo hacer fotos.
Enero 2026.