14/01/2021
La naturaleza tiene una precisión matemática. La perfección en un diseño repleto de sutilezas en constante transformación, es obra mágica de la creación. Mantiene un cosmos macro/micro infinito y nos permite encontrar, en nuestra vida cotidiana, a través de la simple observación, en cada pétalo un viaje maravilloso.
Hay flores como la margarita o el girasol que se llenan de semillas y la forma que el conjunto de ellas va creciendo respeta una secuencia. Mantienen un patrón conocido como Sucesión de Fibonacci.
Cada número de la secuencia es la suma de los dos números anteriores.0 1 1 2 3 5 8 13 21.
Hay dos series de curvas sinuosas en direcciones opuestas, comenzando en el centro y extendiéndose hacia los pétalos, con cada semilla en un ángulo particular de la vecina para así crear el espiral.
La naturaleza le da un uso intensivo a esta ley que está presente nada mas ni nada menos que en la rotacion de la doble helice de ADN, las flores, los panales de abejas, las piñas de los pinos, etc.
La espiral, serie de Fibonacci o secuencia áurea, es muy conocida en el mundillo matemático. Fue un descubrimiento hecho a finales del s. XII, por el matemático italiano Leonardo de Pisa (1170-1240), con su propio poder de observación.
http://youtu.be/6vT1YMd9gLw