Esteban R

Esteban R 𝙇𝙤𝙨 𝙖𝙧𝙩𝙞𝙨𝙩𝙖𝙨 𝙫𝙞𝙨𝙩𝙚𝙣 𝙢𝙖𝙡

08/09/2026

Un tipo se está follando a una vieja frente a la panadería, en un Mazda 2 con los vidrios polarizados.

Tres taburetes permanecen amarrados con una cadena en el andén.

La empleada atiende y hace parecer que la panadería es de ella. Me gustaría que así fuese, simplemente no se cansa.

Pido un café y cuatro panes.

Me siento.

—Está temblando otra vez —dijo un tipo que terminaba de comprar.

—Ja, ja, ja —se ríe.

Agarro uno de los panes de la bolsa blanca. Quedan tres.

Creo que tiene envidia.

Yo también la tendría.

No me molestaría estar en este momento tirándome a una flaca en un Mazda 2 a las 3 de la tarde...

Mientras pasa aquel bus verde que va hacia Andalucía.

Y las señoras al otro lado de la calle llevan a sus hijos de vuelta a casa.

Y la quebrada no puede detenerse.

Mientras esos tres taxis pasan

Y alguien intenta cruzar la calle.

Bueno, ya sabes, mientras el día ocurre.

El sol arde en llamas.

Yo me desintegro a gusto dentro de un motel de cuatro llantas.

Puede ser con esta mujer blanca que está pasando ahora mismo.

Cabello cobrizo, zapatos rosados...

—Llevas los cordones sueltos —le digo al verla pasar de regreso.

—Ah, sí, gracias —me dice sin detenerse.

Malditas mujeres.

Saben hasta cuándo amarrar el cordón de su zapato.

Tiro el vaso desechable a la basura.

Me levanto y me sacudo el pantalón.

El carro da pequeños saltos.

Quedan sólo dos panes.

Cruzo la calle y camino loma arriba.

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05/09/2026

Morena, de piel canela y cabello negro.

Dormí tan jodidamente bien que la soñé.

Bailando, riendo, tomando.

Yo también... tomaba. No me pregunten por el trago; no lo recordaré.

No había pasado ni futuro. Pero había contexto entre nosotros y no hacía falta más.

Había todo un mundo ahí dentro, pero ella era el centro y los confines.

Me coloqué los lentes naranjas que estaban sobre la repisa. Todo era posible.

Abracé todo lo que mi mente construyó de ella.

Intenté besarla...

Me evitó bastante bien.

No me opuse.

Tomé un trago y desperté.

Triste y pensativo.

Ni siquiera en mi cabeza puedo hacerte mía.

01/09/2026

Los días son caros y el p***o es barato.

El sol salió del este hace algunas horas.

Yo me encuentro obligándome a dormir.

Eso no va ahí, eso tampoco, ni eso.

Nace el desorden.

Cerca de las Cross hay pedazos de papel con manchas amarillas.

Allá donde desayuno

Alguien colocó el plato sobre la mesa, luego se fue a trabajar.

Y el café, el café ha dejado de botar humo.

No me he ganado nada.

El sueño me abandonó, ahora me tiene el hambre.

Un correo. Una llamada. Un mensaje. Algo que me haga levantar.

Y el baño, y la toalla, y el cepillo.

Me espera todo lo que no me necesita.

Suena el teléfono.

No me levanto.

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01/09/2026

No hay título

Seguramente alguien encontró la cura de esto.

Si tuvo suerte, está en un manicomio.

De todas formas, un loco no puede contra un imperio.

Pastillas hasta pa' tirar pa' el techo.

Ya suman un s**o.

—No quiero tomar más esto —me dice.

Está aburrido.

Qué larga es la noche para mi viejo.

Él se sienta en el piso y se recuesta en el borde de la cama. Comienza a jugar con cosas que encuentra.

No está ahí, aunque parece.

Entonces, ¿dónde está mi viejo?

No lo sé.

A veces se pierde en su mente y lo ves haciendo o diciendo cosas sin sentido.

Y duele.

No sabes cuánto.

Se levanta del piso y se sienta en la silla. Se acuesta a mi lado y luego camina hacia el baño...

Víctima del insomnio.

Y de un sistema que se lucra

con fármacos. Fármacos. Fármacos.

Malditos fármacos...

Se lo llevan.

Yo solo veo

cómo se va.

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17/07/2026

Tomate y cebolla en el sartén. Medio pan sobre un plato. La leche está a punto de hervir. Quiebro tres huevos. Huele a desayuno.

A veces no se vive tan mal en una vida alquilada. Podría vivir así hasta que las cuentas vuelvan a alcanzarme.

Vendí mi alma en un contrato.

De 12 a 8. De 12 a 10. De 12 a 12.

Hace unos días la fui a recuperar. Me la traje cargada porque las piernas se le iban a reventar y el párpado del ojo izquierdo le daba pequeños saltos.

Mientras los huevos fríen, alguien camina sin parar en un parqueadero del sur de la ciudad, en el sótano tres, durante ocho o doce horas.

Alguien lo vigila.

Alguien lo regaña.

Sirvo el café. Llevo el plato a la mesa.

Desayuno.

16/07/2026

Rojo, amarillo, verde.
Ahora veo negro y naranja.
No quiero abrir los ojos.

Ella mueve las manos: suelta, agarra, vuelve a soltar.

Hace su trabajo.

Siento dolor donde la anestesia no llegó. Doy pequeños saltos.

En cualquier momento acabará.

Quisiera levantarme y decir: Basta. Basta. No aguanto más. Irme.

Aunque no podría hacerlo con la boca abierta.

Joder.

Intento pensar en otras cosas...

La moto afuera, esperándome.
El camino de regreso.

Pero el dolor siempre encuentra la forma.

—Baja la cabeza, no tensiones los músculos, relájate. Te mueves como si te estuviera matando.

Apenas puedo reírme.

Sería una muerte horrible.
Sabor a hierro.

Cruje el sofá.

Me sigue esperándo.

29/06/2026

La noche está fría y huele a medicamentos. Mi viejo sigue en el sofá respirando como si tuviese que ganarse cada bocanada. Yo como despacio a la luz moribunda de una linterna casi descargada, que apenas alcanza para distinguir el plato. No necesito más.

Los problemas no se quedaron en la puerta. Entraron. La muerte también, y merodea por la casa como un perro sin dueño.

Puede estar en cualquier cosa.

Hasta en una cucharada de arroz.

Me atraganto, toso. Me aferro a la vida como a este vaso de agua. Bebo. Respiro. El cuerpo decide seguir.

—Supongo que he conseguido un día más. Eso es todo.

El plato está vacío sobre la mesa.

Sigo sentado.

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