07/01/2025
Cientos de pensamientos atravesados.
Tal vez mi desgracia comenzó en el trabajo, cuando abrí el plato desechable en el que vino el domicilio que, en vez de frijoles, habían servido lentejas. Maldita sea.
Tres de abril de dos mil veinticuatro, veintiún años y contando, el tiempo es indetenible...
Las gotas tamborilean las calles, terrazas y techos de zinc; componiendo la hermosa melodía de la lluvia. Perfecta para dormir pensando en nada; pero yo me hallo aquí pensando en todo, en que estoy tendido ante los problemas económicos, emocionales y otros más que por el momento no recuerdo ¿Tendido cómo? Como un venado que ha sido emboscado y cazado y ahora se halla tirado sobre la hierba; sintiendo cómo los pedazos de su carne son desprendidos de su cuerpo por una bestia salvaje que sacía su hambre sin una gota de remordimiento. Y en sus últimos momentos, sin ganas de seguir luchando, el venado mira el inmenso cielo que lo cubre; para no ver otra cosa. Y eso a veces suele ser mejor; ver el inmenso cielo que nuestra condición. En mi caso estoy siendo devorado a pedazos por la vida, o por mis propios pensamientos.
¿En qué pienso tanto? En que no hay comida en la nevera y también se me acerca el día del pago del alquiler y aún no he completado el dinero. Pienso en que debo, debo y debo. En fin ¡Malditas deudas! Te persiguen hasta debajo de la cama, hasta en los lugares más recónditos de la casa. El caso es que me hallo entre disgustos; porque por otro lado no sé qué hacer conmigo, me veo diferente, pero sé que soy yo; porque el espejo sigue siendo el mismo de hace años. Y a pesar de que estar despeinado es el mejor peinado que siempre he tenido, me siento irreconocible. Pero tal vez sea por mis preocupaciones, creo que ellas se han adueñado de las expresiones de mi rostro. Y es por eso y por todo que quisiera desaparecer ¿No les pasa? ¿Qué hay veces que quisieramos huir, desaparecer o ser invisibles? Aunque... pensandolo bien, no es tan bueno cómo suena, verás:
Recuerdo que cuando niño soñaba con ser el hombre invisible, y la ironía de la vida me llevó a serlo. Con el tiempo, comprendí que aquel hombre anhelaba ser como yo. Tan visible como la luz del sol. Es duro eso de ser invisible y que, aún así, te huyan; ¿Quienes, esteban? Todas las personas que huyeron cuando sintieron tú cercanía. No parece tener sentido, pero tiene más sentido del que parece; valga la redundancia.
Les confieso que no me gusta escribir estas cosas lamentables, sueno débil, miserable. Sin embargo, prefiero desahogarme escribiendo antes que llorar, aunque quizá esta noche sea inevitable. Y no hay que preocuparse o tomárselo tan en serio esto de los malos ratos, verás, la comedia no siempre fue graciosa, tuvo sus raíces en las tragedias. Sin embargo, solemos convertir el caos en arte, solemos hacer milagros. Así que sin más que decir, me despido, el insomnio no pudo conmigo, ya son las cinco de la mañana, dormiré. Buenas noches.