26/02/2026
Guilin fue uno de esos lugares que me hicieron sentir muy lejos… y al mismo tiempo increíblemente cerca de casa.
Entre cultivos de arroz, montañas cubiertas de nubes y carreteras llenas de curvas, no podía dejar de pensar en Medellín. Todo me resultaba familiar: el paisaje verde, las montañas imponentes y hasta un río atravesando la ciudad. Por momentos sentía que estaba en Antioquia y no al otro lado del mundo.
Allí tomé un jugo de maracuyá recién hecho, algo que pensé que no volvería a probar hasta regresar a Colombia. También probé mandarinas, melón, sandía, ciruelas, banano y fresas… frutas que sabían exactamente a casa, como si la tierra hablara el mismo idioma aunque las personas no.
Sus montañas me recordaban formas conocidas, como si entre ellas pudiera aparecer el Cerro Tusa o la Piedra del Peñol en cualquier momento. Incluso subí en un teleférico que me hacía sentir camino al Parque Arví, mientras abajo quedaban los barrios tranquilos donde la vida pasaba entre conversaciones y juegos de cartas.
Y cuando aparecían las pagodas entre el paisaje, volvía a recordar que sí… estaba en China.
Tal vez la única diferencia real era el idioma, porque para mí Guilin terminó siendo la hermanita asiática de Medellín🩷🩷🩷
🇨🇳