11/05/2025
El caballo blanco.
En la cima de la montaña, donde el aire es más delgado y el mundo queda lejos,
hay un caballo blanco.
No hay cercas, ni pastores, ni otros pasos que lo acompañen.
Solo él.
Y el viento que no deja de hablar.
Nadie sabe de dónde vino.
Dicen que un día apareció, sin herraduras, sin marca,
con la mirada clavada en el horizonte, como si esperara algo que no llega.
Su crin, sucia de niebla.
Sus ojos, llenos de ecos.
En su lomo, carga la ausencia de todo lo que no se quedó.
No relincha. No corre.
Solo respira, como si eso fuera un acto de resistencia.
Como si el mundo no pudiera soportar más ruido que el de su silencio.
Algunos dicen que está loco.
Otros, que es libre.
Pero nadie entiende que a veces, la soledad no es elección,
sino exilio.
Y aun así, ahí sigue.
Blanco.
Inmóvil.
Como una pregunta sin respuesta,
como una promesa que no se cumplió.
O tal vez solo una referencia a Deftones.