13/04/2024
En este mundo de prisa sin tregua,
donde el valor se desvanece y se niega,
siento la inconformidad que me ciega,
ante la indiferencia que se entrega.
El amor, madre, a la patria no es el amor ridículo a la tierra,
ni a la yerba que pisan nuestras plantas;
Es el odio invencible a quien la oprime,
es el rencor eterno a quien la ataca.
Así clama Martí, con voz que impera,
en un llamado a la conciencia sincera.
Por un tiempo que se valora, que espera,
por las personas que sepan ser bandera.
Ni el tiempo, ni las ideas, ni el dinero,
ni la patria, ni la nación, ni el sendero,
parecen ya importar en este juego,
donde lo efímero se vuelve ciego.
Mas aún en la tormenta, en la marea,
busco en el verso una verdad que sea,
un faro que alumbre la idea,
de que aún hay esperanza, aún hay pelea.