12/08/2026
¿DE VERDAD AMAMOS LA VUELTA AL ECUADOR?
Antes de escribir una opinión, piénsalo dos veces.
Si lo que vas a decir aporta, dilo. Si no, sigue deslizando.
La edición 47 de la Vuelta al Ecuador terminó. Y mientras algunos celebran, otros cuestionan y otros simplemente destruyen desde un teclado, vale la pena preguntarnos algo:
¿Qué estamos haciendo para que nuestro automovilismo sobreviva?
Porque después de lo ocurrido el año pasado, todos sabíamos que esta Vuelta llegaba con heridas abiertas.
Y sí, hubo problemas.
Faltaron neumáticos en algunas categorías. Hubo pilotos que decidieron no participar. Hubo decisiones cuestionables. Y, mientras todo esto ocurría, la FEDAK seguía transmitiendo la sensación de que todo estaba bajo control.
¿Todo perfecto?
No.
Y decirlo no debería convertir a nadie en enemigo de la federación.
Pero tampoco podemos caer en el otro extremo: creer que destruir públicamente cada esfuerzo que se hace es la solución.
Porque entonces aparece lo más lamentable de esta historia:
EL ODIADOR DE REDES.
El que nunca ha puesto un dólar en un auto de carreras.
El que nunca ha pagado una inscripción.
El que nunca ha cambiado una llanta bajo presión.
El que nunca ha pasado una noche entera reparando un auto.
El que nunca ha arriesgado su vida en una especial.
Pero que desde la comodidad de su teléfono escribe:
“Van paseando.”
“Qué lástima de Vuelta.”
“Solo 35 tripulaciones.”
“Esto es pobreza.”
¿En serio?
¿Ese es el aporte que queremos hacer al automovilismo?
Porque detrás de esas 23, 30 o 35 tripulaciones hay personas que hicieron sacrificios enormes para estar ahí.
Y algunas de ellas terminaron esta Vuelta con autos destrozados, después de haber pasado por situaciones que pudieron terminar muchísimo peor.
Desde afuera es fácil.
Desde Facebook todos son expertos.
Desde Instagram todos saben cómo organizar una Vuelta.
Desde el teclado todos son pilotos, preparadores, dirigentes y estrategas.
Pero cuando llega la hora de poner dinero, trabajo, tiempo o el pellejo, la historia cambia.
Y aquí también hay que hablar de los pilotos.
Es totalmente respetable que algunos hayan decidido no correr. Cada uno tendrá sus razones.
Pero resulta difícil entender que existan pilotos que no participan en la Vuelta al Ecuador y luego sí aparecen compitiendo en el campeonato nacional de rally organizado por la misma federación.
Entonces tenemos un problema.
Porque si todos queremos que el campeonato crezca, pero cuando llega la Vuelta nos hacemos a un lado, ¿quién pierde?
No pierde la FEDAK.
No pierde APCE.
No pierde un dirigente.
Pierde el automovilismo.
Y eso también hay que decirlo.
La FEDAK tiene responsabilidad. Mucha.
Ha cometido errores y debe asumirlos.
Debe escuchar.
Debe corregir.
Debe transparentar.
Debe recuperar la confianza de pilotos, equipos, medios y aficionados.
Pero exigir cambios no significa abandonar el deporte.
Y mucho menos significa alegrarse cuando una competencia fracasa.
Porque si mañana desaparece la Vuelta al Ecuador, no habrá un trofeo para el que más criticó.
No habrá una medalla para el que más insultó.
No habrá un premio para el que escribió el comentario más venenoso.
Simplemente nos quedaremos sin Vuelta.
Y entonces probablemente los mismos que hoy se burlan preguntarán:
“¿Por qué se acabó el automovilismo?”
La respuesta será incómoda:
Porque entre todos dejamos que se muera.
Así que sí:
Critiquemos a la FEDAK.
Exijamos mejores condiciones.
Cuestionemos a los organizadores.
Pidamos transparencia.
Señalemos los errores.
Pero también tengamos la honestidad de reconocer el esfuerzo de quienes sí estuvieron en la carretera.
Porque una cosa es ser crítico.
Y otra muy distinta es ser parte del problema.
Ojalá la llegada de APCE abra una nueva etapa.
Ojalá la FEDAK entienda que no puede seguir haciendo las cosas de la misma manera.
Ojalá los pilotos entiendan que también tienen responsabilidad.
Ojalá los medios sigamos apoyando.
Ojalá los patrocinadores sigan creyendo.
Y ojalá los aficionados recuerden algo:
La Vuelta al Ecuador no le pertenece a un dirigente, a una federación, a un piloto ni a un fotógrafo.
Nos pertenece a todos.
Y si de verdad la queremos grande otra vez, habrá que dejar de competir también fuera de la carretera.
Porque mientras nosotros nos destruimos entre nosotros…
otros deportes simplemente avanzan.