07/05/2026
Me está costando mucho volver a publicar y actualizaros desde que desaparecí hasta hoy, y sé que en gran parte es por esto.
Esta es la última foto que tengo con Django. Fue solo un par de días antes de que nos dejara.
Desde que lo adopté, Django y yo conectamos enseguida. Pero siempre me llevaba con el corazón en un puño cuando salíamos por ahí porque era un auténtico aspirador. Se lo comía todo.
Al principio me asustaba cada vez que lo veía meterse cualquier cosa en la boca, pero con el tiempo entendí que no podía vivir detrás de él vigilándolo cada segundo. Más de una vez comió algo que le sentó mal, vomitó, estuvo unas horas más apagado… y se le pasaba.
El 9 de diciembre de 2024 volvió a pasar eso mismo. Estaba apático y había vomitado, pero no parecía nada fuera de lo normal. A la mañana siguiente seguía peor y ahí ya supe que algo no iba bien, así que llamé al veterinario. Abrían a las 9:30.
A las 9:25, esperando en la puerta, Django se fue en mis brazos.
La veterinaria llegó cinco minutos después e intentó reanimarlo, pero ya no se podía hacer nada.
Después vimos que había escarbado en el compostero y se había comido, entre otras cosas, unas cebollas.
Resulta que las cebollas y los ajos son muy tóxicos para los perros. Ni yo lo sabía, ni él tampoco.
Tengo muchas fotos y vídeos de Berlín y de él jugando en la nueva casa, pero todavía hoy me sigue doliendo verlos.
Después de la DANA y de todo lo que ya os conté, vino esto también. El final de 2024 fue bastante duro.
Pero si hay algo bueno que me quedo, es saber que Django vivió exactamente como le daba la gana.
Se escapaba a perseguir vacas, cabras o cualquier cosa que se moviera por el monte.Se subía a los árboles, corría por escarpados y saltaba de pierda en piedra…me hacía pasar unos sustos increíbles, pero él disfrutaba de su libertad como nadie.
Y al final, creo que eso era Django. Un alma libre.
Te echo de menos Djangolín