07/11/2022
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(Sentí un funeral en mi cerebro - Poema original de Emily Dickinson)
“Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose - arrastrándose -
hasta que pareció
que el sentido se quebraba totalmente –
y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor –
comenzó a batir -a batir - hasta que pensé que mi mente se volvía muda –
y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos botines de plomo, de nuevo,
el espacio -comenzó a repicar,
como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna extraña raza
naufragada, solitaria, aquí –
y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí –
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo - entonces –“
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Hace unas semanas que vengo atravesando un momento personal complicado y ya no me apetece ni comunicarme.
Así que he decidido tomarme un tiempo de desconexión por aquí, y no forzarme a hacer aquello que no me sale de manera natural.
Estoy mal y parte de mi malestar lo he trasladado contra la fotografía.
Creo que me siento superado por no ser capaz de darle un uso y un sentido a aquello que mejor se me da hacer y para lo que llevo toda mi vida preparándome.
Pero también me siento superado por las acciones de algunas personas; por el sinsentido que a veces me parece todo; por no entender para qué tanto dolor; por estar cansado de convivir con la ansiedad, y por ende, con el miedo; y por muchas más cosas que son mucho más personales que todo esto y que me guardaré para mi.
Sea como sea, esto es un descanso, no sé si permanente o temporal, mientras cruzo estas aguas.
Seguid bien y que yo tenga la suerte de verlo.
(La fotografía es del Río Guadalquivir a su paso por Algallarín en un radiante -gracias a la compañía de mi hija- mediodía de este mes de noviembre)