Diana Fontenla

Diana Fontenla Una sobredosis de emoción canalizada a través de imágenes y papel. Fotografías, palabras. Un apr

¿Sabes qué? sólo tengo una foto con mi padre. Fue al tiempo de conocernos. Yo llevaba un jersey verde y el pelo rizado, ...
15/03/2021

¿Sabes qué? sólo tengo una foto con mi padre. Fue al tiempo de conocernos. Yo llevaba un jersey verde y el pelo rizado, mi hermana algo lila y él una camisa blanca. Creo que alguna vez la imprimí en un folio. Pero lo cierto es que no tengo ni idea de en qué nube u ordenador se perdería nuestra única fotografía.

Una vez, volviendo de pasar la tarde juntos -esos eran los mejores días, alargábamos el tiempo y cualquier excusa era buena para que no acabase el día, porque cuando no nos soportábamos nos ventilábamos la comida rápido, y esa era una de las cosas que más me gustaba, la honestidad y la libertad con la que nos relacionábamos- me dijo que podíamos hacernos fotos un día. Creo que se refería a mi y a mi hermana. Llegué súper contenta a casa, me parecía una idea genial y estaba súper ilusionada con la idea.

Pero a veces, nos creemos que podemos estirar el tiempo. Hacerlo mañana o dejarlo para la semana que viene. Que total ya habrá tiempo. Que las personas que queremos son eternas y que lo que le pasa al de al lado, no te va a tocar a ti.

Y ojalá volver atrás. Ojalá tener las fotos que no fueron y estirarnos un poquito más en el tiempo, tocarle la cara en un papel y volver allí siempre que quiera. Porque para mi ese es el poder y el regalo de una fotografía.

Luna de macramé 🌙
21/02/2021

Luna de macramé 🌙

Siempre he echado mucho de menos en estas fechas. Y no es porque mis navidades fuesen la caña (aunque desde hace un par ...
23/12/2020

Siempre he echado mucho de menos en estas fechas. Y no es porque mis navidades fuesen la caña (aunque desde hace un par de años no es que sean la caña, es que son un sueño). Pero en realidad, si miro más atrás, la más bonita de esos años, la recuerdo en una habitación de paredes blancas, llevaba dos mac menús en una bolsa, ganas de estar al lado de mi padre y otras tantas de escapar del mundo que hasta entonces conocía. El caso es que aunque creo que es algo que forma parte de mi -y chica, bastante bien lo llevo-, llega finales de diciembre y me entra un bajón del quincemil. Es como si todo me recordase lo que ya no. Como si las ausencias pesasen todavía más. Y sí, aún encima, súmale un 2020. He tenido días tristones. Porque si ya echaba de menos a los que no estaban, ahora voy a echar de menos también a los que sí están. En fin, que soy una montaña rusa con tanto rollo. Pero supongo que no es del todo raro en este momento de nuestras vidas.



Dicho esto, a los que este año también suméis ausencias, os abrazo fuerte. A los que seguís teniendo a vuestras personitas cerca, cuidarlas mucho y valorarlo más. Y también -y así en general, aunque suena ya a tópico de 2020- recordar por aquí, que aunque echemos de menos, aunque echemos de más, Navidad hay muchas, pero madre/padre/abuelo/abuela sólo hay unx.



Y sabéis que? Esta es mi foto favorita de 2020. Ahora mientras escribía pensaba que quizás hubiera encajado más despedirme del año con ella. Pero lleva tanto tiempo tambaleándome dentro, que no puedo esperar. Gracias a Natalia por dejarme entrar en su mundo, por emocionarme y por hacerme recordar.



Que hay imágenes que valen más que mil palabras (y que todos estos textacos que suelto por aquí :) )

Pretendiendo ser fugaz, me he colado en tus pupilas. Y allí, en un rincón, Levante y Poniente tocándose lento. Adrenalin...
18/11/2020

Pretendiendo ser fugaz, me he colado en tus pupilas. Y allí, en un rincón, Levante y Poniente tocándose lento. Adrenalina y desinhibición. Una ráfaga de luz. Entre medias la vida que no fue. Y mientras, en tu hemisferio izquierdo, a la ciudad de Berlín faltándole el aliento. Que voy a quedarme aquí, brillándote en los ojos, hasta que se te duerman los sueños. �

(En la foto la guapérrima de Yoli para Arethé Collection en , una sesión de hace ya tiempo que disfruté como una enana :) )

Yo no sé qué tienen las redes sociales. No sé nada del mundo que estamos creando, de la manera de relacionarnos, de desc...
10/11/2020

Yo no sé qué tienen las redes sociales. No sé nada del mundo que estamos creando, de la manera de relacionarnos, de descubrirnos, de exponernos, de querernos y de autodestruirnos. Pero la historia de una mujer que bailaba en la pared de un hospital se hizo conmigo en un viaje en autobús. Me dolió y me atrapó a partes iguales. Lloré en sus zapatos. En los de ella, en los de él. Les escuché cantar. Quererse transparentes, Comerse entre versos, canciones y ukeleles. Y me partieron sus abrazos, sus cuatro vidas, el tiempo amenazando, sus páginas escritas y las que se quedaron en blanco. Una vida sin ti, una vida sin mi. Y pienso en la de veces que desearon que no acabase ese momento. Y pienso, y pienso. Y me gustaría decirle que qué importante agarrarse fuerte a quienes se volvieron extensiones. Y es poesía, señal, faro y paz. Que seguirá corriéndose el rímel, pero también seguirán sonando canciones de Johnny Cash. Y volverá a bailar.

��Y dice mi hermana que tengo un problema. Que le mando un audio contándole que hay una foto en color de una madre con todos sus cachorros encima y una subida al Everest que se me ha incrustado en la piel. Pero es que es lo que os decía antes. Que esto de las redes sociales es un arma de doble filo. Te adentras en otras vidas casi como si fueran tuyas. Y cada unx elige en cuál. Yo entré en la de una mamá, emprendedora, valiente, que patina, dibuja estrellas y canta bonito. Y sin conocerla, allí decidí quedarme. Con todas sus consecuencias. En silencio. Detrás de la pantalla. Y ahora tengo un abrazo largo sin dirección, así que lo lanzo entre líneas para que no se pierda. ��

Y doy gracias a Tatiana por esta imagen, por aquel día, por esta sesión. Porque es una de mis fotos favoritas. Y por la fuerza tan inmensa que hay dentro de un amor que nos hace girar, levantarnos y seguir. Pase lo que pase.

Como si todo fuese la primera vez. Saborear, exprimir, sentir y estirar. Supongo que de eso se trata. Pero es que estos ...
10/09/2020

Como si todo fuese la primera vez. Saborear, exprimir, sentir y estirar. Supongo que de eso se trata. Pero es que estos días de tanto querer dejar atrás y tachar cosas de una interminable lista de tareas pendientes, me he olvidado de lo más importante. De cuidarme, de estar, de sentirme, de parar. Que he bailado entre polos opuestos. Y entre volar y caer ha terminado un verano. Y mientras, bajo la piel, entre los labios -un mordisco, dos y tres- días que se escapan.



* Os presento a Gael, el prota de una de esas sesiones que cuentan realidad, sabores, texturas, primeras veces y un amor de dos que habita en cada gesto, en cada aprendizaje, caricia, pasito y en cada uno de los instantes de una vida que comienza. Gracias a María y a Arnau por elegirme para entrar en su vida por un rato :)

S. me miró con los ojos tristes, como si cada una de las palabras le doliesen tanto como a mi contarlas. Quiero abrazart...
21/07/2020

S. me miró con los ojos tristes, como si cada una de las palabras le doliesen tanto como a mi contarlas. Quiero abrazarte, me dijo. Y lo decía de verdad. Y yo sonreí apretando los labios. No pasa nada, le dije. Y lo decía de mentira.
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Y el aire que me sobra alrededor.
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Y el tiempo que se queda en nada.
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Y en un par de minutos había apagado la luz. Había contado con los dedos de una mano. Y en uno más he quemado mis alas con humo. También las páginas de algún que otro cuento. He perdido un par de islas esenciales. Y he llorado leyendo a una chica rubia que baila en paredes bonitas del exterior de un hospital. Y mientras, en la playa, el cuerpo y el alma.

Llenando la memoria de peajes.
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Y puede que.
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Y quizás, ni tal vez, ni tan siquiera.

Lucía y Daniel fueron unos valientes. Les había escrito a lo largo de la cuarentena preguntándoles si tenían un plan B. ...
08/07/2020

Lucía y Daniel fueron unos valientes. Les había escrito a lo largo de la cuarentena preguntándoles si tenían un plan B. Pero ellos lo tenían claro. No había un plan B. Todo seguía tal y como lo habían planeado. Y llegaron cargaditos de ilusión, de ganas, de gel hidroalcoholico, de amor y de sonrisas de oreja a oreja. Y los que formamos parte de su día, los que estábamos detrás de una cámara, de labiales y sombras, de una canción y de mascarillas, nos quitamos incertidumbres y nos lanzamos con ellos. Eran la vida, la ilusión y el amor tal y como lo conocíamos. Besos que suenan, algunos más cortos, otros más largos, canciones que se cantan a gritos, caminos cruzados, calcetines emparejados, un Quén poidera námorala y la bondad de dos haciendo de su día un lugar mejor.
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Y después de este comienzo de pequeña temporada, de que todo parezca diferente o nada sea como esperaba, llega OpenBank entre medias de la discografía de Jarabe de Palo y decido no clickar en saltar anuncio, me dice que tranquila, que este 2020 nos ha robado muchas cosas, pero que la vida espera. Me quedo con cara de poker ¿me está hablando el universo a través de un banco? Pero acaba el anuncio, vuelve Pau y me cuenta que el presente ya pasó, que los ángeles no tienen alas y que la vida es urgente. Así que canto, río, me despeino, salto, lloro y bailo con él. Pienso en su niña Sara y echo de menos a mi padre.

Llevo un par de calcetines bonitos. Me he sentado en la cama para escribirte y he sonreído un poco al verlos. Me gusta l...
22/05/2020

Llevo un par de calcetines bonitos. Me he sentado en la cama para escribirte y he sonreído un poco al verlos. Me gusta llevar cosas puestas que me generen esta sensación cuando menos me lo espero. Desde que he terminado esa frase me he puesto tres o cuatro canciones con los cascos, he cerrado los ojos y he cantado bajito. Hoy tengo el día así. Hacia dentro.

��Llevaba semanas queriendo enseñaros esta publicación. Pero la desescalada a mi no me está sentando del todo bien. Un abrazo que me asusta no deja de revolotearme. El tiempo ha echado a correr otra vez. La guitarra, los libros, las ilusiones de cuarentena y los colores creo que están llenándose de polvo. El espejo cada vez me gusta menos, los whatsapps sin contestar crecen y la insistencia me atormenta. La constancia me culpa por su ausencia. Creo que le había cogido cariño a la vida en cuarentena.

��Total, que me lío. Con estas fotos os enseño algo en lo que he estado trabajando durante todos estos meses, semanas y días. El nuevo packaging. Y bendito que me ha permitido dedicarle las horas, el cariño, la ilusión y las noches en vela que tanto necesitaba. Quería crear una experiencia para todos los sentidos. Quería entregar algo que a mi me flipase recibir. Porque los recuerdos tienen que tratarse y conservarse como merecen, con todo el amor y el cuidado del mundo. Y eso era lo que yo quería. Y qué suerte la mía por encontrar a las personas que me han ayudado a hacerlo posible. A , por hacerlo todo tan fácil, por darle rienda y alas a todo lo que imagino. Que volver a cruzarnos no fue casualidad. Y, por supuesto, a . Talento, delicadeza y sensibilidad. Que tuve claro que sería ella desde hace más años de los que recuerdo. Y que en dos tardes y seis cafés consiguió plasmar en un lápiz y un papel parte de mi mundo. Que la primera vez que envié el logo por wasap, Fran contestó que le transportaba a Salitre de Quique González. Una de las canciones de mi vida. Con esa respuesta, no necesitaba más. Lo habíamos conseguido. ��Y no puedo estar más feliz.

Pero ahora sí, cuéntame tú,�� ¿te gusta?

Y gracias de corazón una vez más. ��Que cada uno de estos pasitos no deja de ser gracias a todos y todas las que estáis ahí detrás siempre :)

Día 44 de  . Hoy David (Bella) me escribió para recordarme que habían pasado 6 días desde mi último post. Creo que es un...
27/04/2020

Día 44 de .

Hoy David (Bella) me escribió para recordarme que habían pasado 6 días desde mi último post. Creo que es un chico bastante observador. Así es que empecé a contarle.

La realidad es que la cuarentena empieza a pesarme. La falta de trabajo -a corto, medio y largo plazo- hace que cada mañana me levante con menos ganas que antes. Como si de L a V tuviese que inventarme los motivos para sentarme delante del ordenador. Creo que más de un autónomx me entenderá. Pero lo cierto es que nunca me ha gustado la frase de “un día menos”, es una de esas de mi lista de palabras prohibidas, así como “envidia”. Son cosas que están totalmente vetadas en mi vocabulario. Porque todxs tenemos muchas ganas de que esto acabe, pero los que estamos sanitxs, con techo y comida, no dejamos de ser unos afortunadxs. Así que, por mucha desmotivación que me baile en la cabeza, no me olvido de lo más importante. Simplemente, me permito tener mis bajones, mi dramas y mis días de no salir de la cama.

De todas formas, después de ese pequeño auto-recordatorio, sí, he tenido una semana de mi**da. Los días se me han pasado lentos. Las redes sociales me han requetesaturado. Este mundo virtual a veces es maravilloso y otras en cambio deshace más que hace. Así que he tenido mis días de desconexión. Y como tampoco entiendo de obligaciones, si no de hacer las cosas desde el corazón, he cambiado este diario de cuarentena en Instagram por un diario lleno de flores que me compré en una librería de Edimburgo. He escrito más de 20 páginas, he llorado -un poquito- y ya voy por el tercer libro de Virginia Woolf. No sé si os pasa, pero a mi me gusta la idea de que cualquiera que algún día encuentre todos mis libros podrá leerme entre líneas. En todas esas frases subrayadas y esquinas dobladas. Me decía Anita, mi Pinchuli, el otro día, que se estaba leyendo un libro que le regalé y estaba lleno de anotaciones para ella entre sus páginas. Se me había olvidado por completo que había hecho eso. Pero me parece un regalazo súper bonito.

Que la felicidad sólo es real cuando es compartida

(Into the wild).

Feliz semana

Nunca he sido de fechas. Reconozco que me da pereza la gente que deja en las manos de un calendario su estado de ánimo. ...
21/04/2020

Nunca he sido de fechas. Reconozco que me da pereza la gente que deja en las manos de un calendario su estado de ánimo. Tampoco soy de ir a funerales. Como si mi presencia tras los años fuese a dejar claro a los demás que ese día me acuerdo de alguien. Como si el resto de los días no contase. Como si no valiese más el silencio, la ausencia, el amor y la vida que la apariencia.


Una vez vi un capítulo de P***y Brewster que me dejó bastante tocada. Amanecía en su cama molona, se vestía de colores pero no parecía la P***y que yo conocía. La gente le sobraba y sólo quería bajarse del mundo. Quería decirle que estaba ahí. Detrás de la pantalla. Porque cuando era pequeña yo pensaba que lo que veía en la tele sucedía de verdad. El caso es que Cherie se me adelantó y cuando le preguntó a P***y qué le pasaba, ésta le cerró la puerta en la cara diciéndole que su madre había mu**to en aquella fecha. Y a mi P***y me gustó todavía más. Me flipó esa necesidad de soledad que había tenido, me flipó que se permitiese el lujo de ser y de sentir lo que quisiese, me flipó su misterio, su tristeza y su portazo. Que no sólo reía, se vestía de colores o su habitación era la más guay del planeta. P***y tenía sus fantasmas. P***y lloraba a solas y al día siguiente se despertaba con la mejor de sus sonrisas. Y eso le hacía todavía más guay. Pero el mundo siempre tendía a quedarse en la superficie de las cosas. Y quien se hubiese perdido ese capítulo, no tenía ni puñetera idea de quien era de verdad P***y Brewster.


Total, que sólo pasaba por aquí para recordar que las cosas no son importantes porque existan, son importantes si se piensa en ellas.


Y hay días, como hoy - y otros 364-, que lo que yo recuerdo es al amor haciéndose lección. A mis miedos evaporándose. A mi risa y a la niña guardándose en su ombligo y a su aliento cuidándome la vida.

Día 35 de   .⠀A los 6 años descubrí algo que me gustaba. Y desde entonces cada día trataba de volver a esa sensación. Cr...
18/04/2020

Día 35 de .

A los 6 años descubrí algo que me gustaba. Y desde entonces cada día trataba de volver a esa sensación. Creo que a partir de ahí supe que tenía que tener cuidado con las cosas que me gustaban. Me volvía adicta. Adicta a los paseos bajo la lluvia, adicta a las personas que paran el tiempo, adicta a una guitarra acústica, adicta al colacao, a los gatos, a Andrés Suárez, a las croquetas crudas, a la posibilidad de una vida dentro de mi propia vida, adicta a los videojuegos de la mega drive. Adicta a Antonio Vega. Adicta a las barritas kínder, a viajar sola. Adicta a Nube de Tormenta. Adicta a las conversaciones de madrugada. A nadar desnuda en el mar. A las series, al Mario Bros. Adicta a desaprender lo aprendido. A la suerte de mi vida, a Antón y a mi abuela. A las montañas rusas. Al vértigo, al límite. A la vida. ⠀
Y resulta que el otro día en stories me recomendasteis un montón de libros. El primero fue la biografía de Virginia Woolf, escrita por Alba González Sanz. Empecé a las 16 y 13 minutos y lo terminé a las 21:32. Lo he devorado como devoro las cosas que me gustan. Me vuelvo una yonkie y el mundo se para. Y no sabéis lo que me flipa esta sensación. Pero es que si no fuese porque el nombre no me chifla creo que hasta la hija que no tengo llevaría su nombre. Me ha pellizcado por dentro, me ha revuelto. Me ha hecho reflexionar sobre el amor, sobre las relaciones, sobre temas que me tocan más de lo que me gustaría, sobre la libertad, la violencia y la magnitud del patriarcado. Me ha llevado hasta la infancia de mi abuela en plena guerra. A reconocerme en su obsesión por la memoria. Y a la importancia de seguir luchando por las habitaciones propias.

Moviendo las fronteras de lo que creemos establecido. ⠀

Gracias, Uxía, por esta revolución. ⠀


Fotito de mi chica de las canciones, cuando lo mejor todavía estaba por llegar. Flavia, Jimena. Qué suerte la vuestra :)

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Cambre
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