22/07/2026
La puerta que no hacía falta cruzar
Muchos de nosotros buscamos guías porque creemos que alguien más conoce el camino hacia el lugar al que queremos llegar. Seguimos a personas que parecen ser una puerta, una entrada hacia algo que deseamos alcanzar.
Pero, a veces, nuestra mirada se vuelve tan estrecha que dejamos de observar lo que existe alrededor. No vemos que, fuera y detrás de esa puerta, se encuentra el mismo paisaje. El lugar al que queremos llegar ya está ahí, y quizá nosotros también estamos mucho más cerca de lo que pensamos.
Toda puerta establece unas condiciones para atravesarla. Nos pide cumplir ciertas reglas, alcanzar determinados requisitos o convertirnos en aquello que considera adecuado. Entonces invertimos tiempo y energía intentando obtener permiso para pasar.
Sin embargo, esas reglas pierden su sentido cuando comprendemos que esa puerta no es la única entrada. Podemos rodearla, caminar por otro lado o crear nuestro propio sendero. Incluso podemos descubrir que nunca hubo una verdadera barrera.
Las guías pueden acompañarnos, pero no deberían hacernos creer que existe un único camino. A veces no necesitamos que nadie nos abra una puerta. Solo necesitamos ampliar la mirada, confiar en nuestros pasos y comenzar a caminar.
Porque quizá la libertad no consiste en conseguir que nos permitan pasar, sino en comprender que nunca necesitamos ese permiso.