03/10/2025
Ojito con esto. El sábado pasado trabajé en la boda de Vanesa y Juan y sentí nostalgia del pasado. Igual es la edad, quién sabe. El caso es que me recordó a las bodas que yo documentaba hace unos años. Los bodorrios de principios de siglo, en los que lo más importante de todo estaba allí. Presente. Sencillo. Suficiente. Una parrillada, cerveza fría y la tribu.
Desde hace tiempo trato de mostrar una imagen más diversa, humana y plural de lo que significa casarse. Porque casarse no es solo una estética, un protocolo, un presupuesto o una fórmula repetida hasta el cansancio. Casarse es identidad, memoria, comunidad, creatividad. Casarse es contarle al mundo quién eres, sin disfraces ni máscaras.
He pensado que igual hay más personas que sienten lo mismo y, de cualquier forma, desean formar parte de una especie de resistencia. Una resistencia dinámica y comprometida con la idea de que todas las bodas sean bellas a ojos de cualquiera. Que la diversidad se comunique. Que la autenticidad vuelva a estar en el centro.
Si eres fotógrafo de bodas o trabajas en el sector, participa mostrando tus trabajos. Todos. Los íntimos, los caóticos, los sencillos, los grandes, los raros, los tradicionales, los inesperados. Solo tienes que etiquetar como colaborador a la cuenta en Instagram y contarle al mundo tu verdad, sin miedo, sin vergüenza, sin pena.
Y si te vas a casar, participa también como quieras. Este espacio está naciendo ahora y ni yo mismo sé muy bien hacia dónde me llevará. Lo único que sé es que me he cansado de no hacer nada concreto, de contemplar cómo la boda de alto presupuesto nos seduce y convence de que esa es la única manera hermosa y válida de casarse.
Redefinamos lo humano. Redefinamos lo auténtico. Redefinamos lo bello.