06/11/2021
Tras casi 6 años de autónoma digo adiós a la fotografía profesional y y le digo de nuevo hola a la ingeniería, curiosamente sin pena alguna y ¿por qué? pues porque la vida es cambio, porque las oportunidades llegan y porque me apetece abrir otra fase de mi vida, una en la que no necesite los superpoderes del autónomo.
Recuerdo el día que me di de alta con una mezcla de alegría y terror…y ahora reconozco que el terror era fundado…jajajaja
Ha sido una experiencia tan enriquecedora…primero el pensar que no eres capaz, luego ir viendo en el día a día que la gente te llama, que cree más en ti que tú misma, que los desconocidos pasan a ser clientes y los clientes amigos.
Me llevo tantas risas, tanto cariño, esa sensación de hacer una foto y sentir que es LA FOTO, que pasará a formar parte de los recuerdos de una familia durante toda la vida…y lo que nunca esperé que fuera lo que más me gustara de este trabajo, la gente. Muchos no lo sabréis, pero cuando era pequeña era tan tímida que no saludaba a nadie, como dice mi madre, echaba la cortina (el pelo por la cara) y agachaba la cabeza para no tener que hacerlo. No sé en qué momento de la vida todo el interior se volcó hacia fuera y durante estos años una de las cosas que más he disfrutado ha sido cubrir eventos, tratar con gente desconocida y reírme a carcajadas. ¡Cuántos amigos han salido de ahí!
Seguiré publicando en mis redes sociales, pero proyectos personales, porque dejo la fotografía profesional aunque nunca podré abandonarla como forma de expresión.
Por último vaya mi reconocimiento a los autónomos, a los que empiezan desde cero pensando que su trabajo va a ser uno pero que por el camino tienen que aprender marketing, diseño, contabilidad, legislación, y un largo etc. y a los que ponen en riesgo todo por un negocio que si fracasa se lleva mucho por delante y si funciona les hace ser la diana perfecta para las críticas de los que nunca han arriesgado ni han dado el 200% en un proyecto. Para mí son auténticos héroes en un país que tiene la mirada distraída, una pena que se sientan solos y que quede una sensación de lucha contra los elementos cuando debería ser un reconocimiento con alfombra roja.