12/06/2023
Ismael Varela Melo
Te escogí a ti, papi, porque vi que estabas empezando a perder tu alegría, y que aunque a menudo estabas rodeado de otras personas, a veces te sentías solo.
Te escogí y creo que llegué en el momento oportuno, sacudiéndote la vida, abriéndote los ojos y gritándote, con mis llantos, eso de "¡Papi, deja de vivir la vida que los demás esperan que vivas!".
Porque ahora estoy aquí, cargada de ilusiones, pero también de necesidades. Esperando encontrar a quien ilumine mi vida y guíe mi camino. Deseosa de recibir tus besos y abrazos, y de darte suficientes razones para, ahora sí, vivir la vida de verdad.
Papi, aprovecha conmigo cada segundo, cada contacto, cada caricia. Yo te agarraré fuerte para que puedas ver a través de mis ojos, mis sueños y mis ilusiones, y luches por ti, y por mí.
Quizás aún no te hayas dado cuenta, pero he venido para recordarte cosas que has olvidado: que en vez de usar a las personas y amar las cosas, es mucho mejor usar las cosas y amar a las personas, por ejemplo.
Que no renuncies nunca a tus sueños. Quizás no se cumplan nunca, pero es que eso no es lo importante. Lo importante es intentarlo, y todo lo que se aprende en el camino (porfa, esto me lo recuerdas en unos años... lo necesitaré).
Que mereces respeto, y que yo también lo merezco. Lucha por ti y lucha por mí. Que debes amarte, y por supuesto, amarme.
Tú decides si quieres seguir montado en ese tren en el que nos hacen subir de pequeños y que va a una velocidad tan elevada que apenas podemos ver el paisaje, o si decides saltar para vivir la vida conmigo.
Yo prefiero que saltes... me encantaría. Porque los padres que no lo hacen acaban arrastrando a los hijos, incluso antes de lo previsto, a ese tren que doblega ilusiones y oscurece la creatividad, acabando con muchos de los sueños con los que venimos al mundo.
Salta papi. Aquí es todo mucho más verde. Aquí puedes oler las flores. Puedes mirar cada noche la luna para ver cómo crece y cómo mengua, buscar estrellas que se mueven (quizás sean aviones, no lo sé). Hasta la comida sabe mejor. Y los abrazos y las caricias de tu bebé... ayyy, ablandan el corazón. ¿Verdad?
Foto de