10/03/2025
Cuando haces una foto, hay muchas decisiones que se toman casi de forma instintiva, pero luego, cuando revisas el trabajo en casa, empiezas a preguntarte qué es exactamente lo que hace que funcione.
En el caso de esta imagen, por qué encuadré así, dejando tanto espacio vacío en el centro? Creo que, inconscientemente, quise que ese vacío hablara por sí mismo. Esa franja oscura entre el Cautivo y las dos personas en la ventana parece dividir dos mundos: el del recogimiento que está en la calle y el de la contemplación desde casa u oficina.
Si hubiera acercado más ambos elementos, tal vez se habría perdido esa sensación de distancia que da tanto peso a la escena.
¿Y por qué una ISO tan alta sabiendo que generaría tanto grano? En el momento lo vi claro: ese grano iba a ayudarme a darle textura a la imagen, iba a hacer que pareciera un recuerdo más que una simple fotografía.
Luego viene la edición: blanco y negro o color? ¿No habría sido más interesante mostrar los colores de la luz artificial tal y como fueron captadas o el tono cálido del interior de la casa?
Tal vez sí, pero creo que el color habría distraído de lo esencial: las formas, los rostros apenas definidos, la silueta del Cautivo recortándose en la penumbra, en fin...
Supongo que en fotografía, como en otros aspectos de la vida, uno nunca sabe del todo si lo que ha hecho fue lo mejor. Pero quizás ahí esté precisamente la magia: en aceptar que las decisiones que tomamos —conscientes o intuitivas— son parte del relato.
Esta imagen es así porque fue fruto de un instante irrepetible, de una intuición que me llevó a disparar justo cuando sentí que algo estaba ocurriendo.
Y al final, creo que eso es lo que importa: que esa duda, esa incertidumbre, también forma parte de la historia que cuenta la fotografía.