30/05/2026
Hay lugares que terminan formando parte de tu vida aunque nunca los hayas elegido.
Los hospitales son uno de ellos. Un lugar donde entras sin mirar. Escribes tu SIP en vez de poner la tarjeta, ya que lo has usado tanto que te lo sabes de memoria. Pasillos conocidos, habitaciones que se parecen entre sí y esa sensación de dejar el tiempo en pausa durante unos días para concentrarte en algo tan simple y tan complejo como recuperarte.
Esta vez la estancia fue breve. Una cirugía más amable que otras, de esas que permiten mirar atrás y respirar con un poco más de tranquilidad. Aun así, cada ingreso tiene sus pequeñas historias: las vías que aparecen en brazos y manos destrozadas y con venas inútiles por la quimio, mientras el Port-a-Cath espera su turno, las noches fragmentadas buscando una postura cómoda, las visitas del personal sanitario y esa rutina hospitalaria que acaba resultando extrañamente familiar.
Después llega la vuelta a casa. Y con ella, el recordatorio de que la recuperación no siempre entiende de altas médicas. Vas a pasos lentos, sujetando todo con cariño para que duela menos. Paseos cortos y sin mucho sol por la debilidad que traes desde el hospital. Muchos mareos y desmayos por pérdida de sangre. A veces los verdaderos retos aparecen lejos del hospital, entre curas, molestias inesperadas y la paciencia que exige darle al cuerpo el tiempo que necesita. Esta vez, además, el linfedema secundario también decidió hacer de las suyas en mi brazo izquierdo, recordándome que hay compañeros de viaje que rara vez avisan antes de aparecer.
Pero también hay algo bonito en reconocer el camino recorrido. En mirar estas imágenes y saber que representan otro paso más, otro aprendizaje y otra meta alcanzada. ¿Quién me lo diría hace 6 años?
Porque quienes convivimos con enfermedades raras y antecedentes oncológicos sabemos que los ciclos no suelen cerrarse del todo. Lo que sí podemos hacer es cerrar etapas. Y esta era una de ellas. Una etapa complicada que queda atrás y una preocupación menos ocupando espacio en la mente. El camino continúa, pero hoy lo hace un poco más ligero.