Oscar Eduardo Mendizábal

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👤 Finalista Guatemaltecos Ilustres 2026
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📸 Oscar Mendizábal I Photographer
🇬🇹 De Guatemala para el mundo.
🏆 Obra premiada y expuesta.
📩 [email protected]

Me detengo una mañana en una calle antigüeña para contemplar una escena y me dispongo a hacer una fotografía.El cielo es...
16/08/2026

Me detengo una mañana en una calle antigüeña para contemplar una escena y me dispongo a hacer una fotografía.

El cielo está lleno de nubes y me hace pensar, quizá, en si después de la tormenta vino la calma o si, acaso, después de la calma vendrá la tormenta.

Como sea, me gusta lo que estoy viendo.

Dejo en pausa el botón del obturador… no disparo.

Nada se mueve. Ni siquiera yo.

La casa, la calle, el volcán, el cielo.

Cuatro tiempos distintos habitando la misma fotografía.

Acá el tiempo parece haberse detenido. Se ha quedado en las piedras gastadas de la calle, en las paredes blancas que han aprendido a guardar silencio y en las ventanas que dejan entrar la luz, pero no los años.

Se ha quedado también en el volcán, que reposa ahí, desde mucho antes de que alguien le pusiera nombre a este lugar.

Entonces entiendo que fotografiar esto no es solamente capturar una imagen. Es guardar lo que se siente cuando uno camina despacio, cuando se detiene, cuando observa y, por un momento, deja de tener prisa.

Quizá eso sea lo que vine a guardar.

No la casa, no la calle, no el volcán, ni siquiera el cielo.

Sino este instante en que todo parece haberse detenido.

Solo permanece.

Y espera.

📍Antigua Guatemala

Un regalo de agostoEran las 6:45 de la tarde.Durante apenas un segundo —el tiempo de la toma—, el cielo me regaló una es...
16/08/2026

Un regalo de agosto

Eran las 6:45 de la tarde.

Durante apenas un segundo —el tiempo de la toma—, el cielo me regaló una escena difícil de repetir: la luna descendiendo lentamente entre las montañas, mientras la ciudad de Guatemala comenzaba a encender sus miles de luces.

Todavía quedaba en el horizonte la última claridad del día, esa mezcla de azules, rosados y sombras que anuncia que la noche está a punto de llegar.

Un segundo.
Una luna de agosto.
Una ciudad a los pies de las montañas.
Y la fortuna de estar ahí para verlo.

Un hermoso regalo del mes de agosto…
y hoy quiero compartirlo con ustedes. 🌙✨

Buenas noches.

📍Santa Catarina Pinula

La geometría de la nostalgiaCaminando sobre la sexta avenida de la Zona 4, me detuve por un momento frente a estas emble...
16/08/2026

La geometría de la nostalgia

Caminando sobre la sexta avenida de la Zona 4, me detuve por un momento frente a estas emblemáticas torres del Gran Centro Comercial de la Zona 4.

Quise fotografiarlas, sí. Pero, más que capturar una imagen, quise atrapar en una postal todo aquello que todavía vive alrededor de ellas. Porque a estos, como a muchos edificios les tomo fotos con la cámara y con la memoria.

Y claro, la historia no podía terminar después de tomar la foto. Entrar y recorrer nuevamente sus instalaciones fue un deseo casi incontenible. Había que volver a caminar por esos espacios, aunque fuera por un instante, para comprobar cuánto de aquella Guatemala todavía permanece allí.

A finales de los años sesenta, cuando la Ciudad de Guatemala miraba hacia el futuro con un enorme afán de modernidad, comenzó a levantarse este monumental conjunto arquitectónico. El mismo fue concebido casi como una miniciudad vertical: torres sobrias, volúmenes angulares, comercios, oficinas y espacios que muy pronto se convirtieron en parte del pulso social y comercial de la capital.

Pero quienes lo vivimos sabemos que un centro comercial nunca es solamente concreto, tiendas y pasillos.

Es también una colección de primeras veces.

¿Cómo olvidar, por ejemplo, la fascinación infantil de subir por primera vez a sus gradas eléctricas, las primeras, por cierto, en Guatemala? A principios de los años setenta aquello era toda una novedad. Me atrevería a pensar que hubo familias que llegaban casi únicamente por la experiencia de subir y bajar en aquel prodigioso invento.

Y estaba también aquel emblemático puente peatonal, ese pequeño mirador elevado que abrazaba la sexta avenida y conectaba dos mundos. Cruzarlo tenía algo especial. Uno caminaba por encima del movimiento de la ciudad mientras abajo continuaba el bullicio cotidiano.

En mi caso, había además una parada que alimentaba mi corazón melómano: Mercado de Discos —hoy Disco Centro—, aquel auténtico templo para quienes encontrábamos en la música una forma de viajar sin movernos del lugar. Originalmente ubicado en el sótano, frente al parqueo que daba hacia la 24 calle, sus vitrinas exhibían aquellas maravillosas carátulas de vinilo que prometían mundos enteros antes incluso de escuchar una sola nota.

Para mí, las tardes de sábado olían al café recién colado de la Pastelería Palace. El piano en vivo vestía de elegancia la tertulia y convertía un simple café con pastel en todo un acontecimiento. Aquellas tardes tenían algo de ceremonia, de encuentro, de una sofisticación urbana muy particular de los años setenta y ochenta, una tradición que, en mi caso, todavía extendí hasta bien entrados los años 2000.

Y sí… todavía recuerdo con especial cariño aquel pie de higo.

En el cotidiano ir y venir coexistían todos los universos.

Estaba la rutina de abastecerse en aquel histórico Paiz, el primer supermercado a gran escala instalado dentro de un centro comercial moderno; el brillo de Joyería Rodania, importante punto de referencia para los artesanos joyeros de la capital; y las tradicionales relojerías de precisión, donde ajustar un Seiko, un Citizen o un Orient parecía ser parte casi obligatoria de la vida cotidiana.

Pero el edificio también tenía sus propios aromas y sabores.

La Bandeja y su almuerzo bufé. La parada fugaz en el sótano por unos legendarios hot dogs tipo Chéveres en el sótano; o La Barra Cervecera, convertida con los años en el refugio inevitable del after office para cerrar la jornada. Y, por supuesto, el Burger King.
Porque hubo una época en que comer allí después de hacer compras tenía algo de pequeño lujo, de modernidad, de aspiración. El fenómeno fast food también formaba parte de aquella nueva manera de vivir la ciudad.

Quizá por eso hoy, al detenerme frente a estas torres, sentí que no estaba mirando solamente un edificio.

Estaba mirando una parte de nosotros.

La luz suave de la tarde se derramaba nuevamente sobre sus volúmenes de concreto, sobre sus balcones terracota, sobre esas líneas geométricas que alguna vez representaron el rostro moderno de una Guatemala que soñaba con el futuro.

La arquitectura permanece.

Lo que ha cambiado somos nosotros.

Ya no somos aquellos niños que descubrían maravillados las gradas eléctricas. Ya no caminamos por el lugar con la misma edad, ni entramos a comprar un disco con la ansiedad de quien sabe que acaba de encontrar una canción que cambiará su tarde. Ya no esperamos el sábado con la misma inocencia, ni un café con pastel significa exactamente lo mismo.

Pero basta con volver a mirar.

Y entonces sucede algo extraño y hermoso: el edificio abre una puerta que creíamos cerrada y, por unos segundos, regresamos.

Y quizá aquí esté lo más hermoso de todo.

Porque mientras escribo estas líneas, sentado en la Pastelería Palace, descubro que esta historia no pertenece solamente a la memoria.

Estoy aquí.

El café está sobre la mesa, disfruto un pie de higo y, frente a mí, permanece aquel piano que tantas tardes acompañó las tertulias de otras épocas. Hoy nadie toca sus teclas. Está en silencio, pero basta mirarlo para imaginar aquellas notas flotando nuevamente por el salón.

Y entonces pienso que quizá la nostalgia no siempre consiste en mirar hacia atrás.

A veces consiste en descubrir que aquello que creíamos perdido todavía existe.

La Palace sigue aquí. El piano sigue allí. Las torres siguen allí. Los espacios han cambiado, algunos comercios se fueron, otros llegaron, y nosotros, inevitablemente, también hemos cambiado.

Pero hay lugares que tienen esa extraña capacidad de conservar algo de quienes fuimos.

Mientras termino de escribir, vuelvo a mirar el piano.

Quizá regresaré otro día.

No para recordar cómo sonaba, sino para escucharlo nuevamente.
Y qué bonito sería sentarme aquí otra vez, con un café y un pie de higo, mientras las primeras notas comienzan a llenar el salón y, por un instante, el tiempo decide caminar hacia atrás.

Porque al final, eso es lo que esta fotografía terminó haciendo conmigo.

Yo creí que venía a fotografiar un edificio.

Y terminé encontrándome con una parte de mi vida.

La arquitectura permanece. Los recuerdos también.

Y entre ambos, todavía quedan algunos lugares donde la Guatemala que fuimos parece decirnos que nunca se fue del todo.

📍Gran Centro Comercial Zona 4, Ciudad de Guatemala 🇬🇹

14/08/2026

Fotos creativas desde el Teatro Nacional de Guatemala

Este día, al final de la tarde, tuve la fortuna de capturar este momento exacto.Es una secuencia del sutil descenso de l...
14/08/2026

Este día, al final de la tarde, tuve la fortuna de capturar este momento exacto.

Es una secuencia del sutil descenso de la Luna. Parecía una fina sonrisa que se fue ocultando despacio detrás de las montañas.

Tres tomas, tres instantes de su recorrido.

📍Ciudad de Guatemala · 13 de agosto de 2026

🏛️ CRÓNICA DE UN SEGUNDO DE CALMA EN LA 18 CALLEHay fotografías que toman meses de planificación y otras que se resuelve...
13/08/2026

🏛️ CRÓNICA DE UN SEGUNDO DE CALMA EN LA 18 CALLE

Hay fotografías que toman meses de planificación y otras que se resuelven en el suspiro de un semáforo. Esta que les comparto hoy pertenece a ambas categorías.

Llevaba muchísimo tiempo queriendo documentar el imponente edificio de la Tipografía Nacional de Guatemala, hogar del Diario de Centro América, del Museo y Biblioteca de la Tipografía Nacional y de la Radio Nacional TGW. Quienes hacemos fotografía urbana en la Zona 1 sabemos bien que la esquina de la 18 calle y 7a. avenida no es precisamente un punto que ofrezca las mejores condiciones para detenerse con una cámara, y menos cuando se camina solo. Es un lugar de tráfico constante, peatones, comercio y el paso milimétrico del Transmetro. Detenerse ahí, sacar el equipo y hacer la foto no es cosa fácil.

Estuve parado un sábado al atardecer, haciendo pruebas, midiendo la luz dorada que comenzaba a bañar la fachada, esperando el momento. De pronto, el tráfico cedió. El Transmetro pasó. Por un instante, todo quedó en calma.

Pensé: “Es ahora o nunca”.

Levanté la cámara, abrí el gran angular para abarcar su inmensidad y disparé.

Después, en edición, corregí la perspectiva para recuperar las líneas verticales y mantener esa sensación de monumentalidad que tenía el edificio cuando lo estaba fotografiando.

Y, siendo muy honesto, creo que es una de las fotografías a nivel de calle más limpias que he logrado en nuestra querida Zona 1.

¿Pero qué es lo que realmente estamos viendo en esta imagen?

El edificio actual de la Tipografía Nacional, de estilo neocolonial inaugurado en 1943, durante el gobierno de Jorge Ubico.

Personalmente, siempre he pensado en la Tipografía Nacional como una especie de hermana menos fotografiada del Palacio Nacional: colosal, cargada de historia y con una arquitectura que obliga a detenerse para descubrir sus detalles.

Pero hay algo que me gusta especialmente de ella: a diferencia del Palacio, que se abre monumentalmente hacia su plaza, la Tipografía vive pegada a la acera, cara a cara con quienes caminamos por la ciudad. Forma parte de la calle, del ruido, del tráfico y de la vida cotidiana de la Zona 1.

Hablando de su arquitectura exterior, hay un detalle de la fachada que me parece especialmente interesante.

Si observan con atención los muros exteriores que capturó mi lente, encontrarán una serie de medallones en alto relieve realizados por el artista guatemalteco Pedro García Manzo. No son simples adornos: representan personajes vinculados con la historia de la imprenta, la tipografía, el periodismo y la cultura guatemalteca. Entre ellos aparecen José de Pineda Ibarra, considerado el primer impresor de Guatemala, y Marco J. Kelly, fundador del Diario de Centro América.

Es como si las paredes del edificio llevaran escrita una parte de la historia que durante décadas se produjo detrás de ellas.

Pero el misticismo de este lugar no es solamente visual. También es acústico. En el tercer nivel se ubica la Radio Nacional TGW, “La Voz de Guatemala”, la primera estación de radio del país; en 2012 fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación.

Así, en este mismo lugar conviven dos formas de conservar y transmitir nuestra memoria: las letras impresas y las ondas de radio.

Como fotógrafo, no quiero solamente mostrar edificios bonitos.
Quiero que volvamos a mirarlos. Mi propuesta es rescatar el valor de nuestro patrimonio del ruido y la prisa del día a día; recordar que caminamos entre verdaderas joyas históricas que muchas veces dejamos de mirar porque ya forman parte de nuestro paisaje cotidiano.

Esta fotografía me tomó paciencia, varios intentos y unos pocos segundos de calma en medio de la 18 calle.

Pero valió la pena.

Y si después de verla, alguien que ha pasado cien veces frente a la Tipografía Nacional siente curiosidad por detenerse, observar sus detalles y conocer un poco de su historia, entonces creo que la fotografía ya cumplió su propósito.

Gracias por acompañarme en este viaje visual por nuestro Centro Histórico. 🇬🇹

Ciudad de Guatemala.Vista desde Carretera a El Salvador.Buenas noches.
12/08/2026

Ciudad de Guatemala.
Vista desde Carretera a El Salvador.
Buenas noches.

Mientras el avión atraviesa el cielo, la luna parece recordarnos que ya estaba allí mucho antes de que aprendiéramos a v...
11/08/2026

Mientras el avión atraviesa el cielo, la luna parece recordarnos que ya estaba allí mucho antes de que aprendiéramos a volar.

Por un instante, lo eterno y lo efímero se encontraron.

11/08/2026

Fotografías al final de la tarde en Guatemala. Hermoso paisaje con vista hacia los volcanes de Agua, Fuego y Acatenango 🇬🇹

En el corazón del antiguo claustro de La Merced, tallada con la delicadeza de un lirio acuático, descansa la monumental ...
10/08/2026

En el corazón del antiguo claustro de La Merced, tallada con la delicadeza de un lirio acuático, descansa la monumental Fuente de Pescados. Con sus 27 metros de diámetro y su singular diseño octagonal, no solo es una de las fuentes coloniales más grandes de Hispanoamérica; también guarda en sus formas un significado profundo, arraigado en nuestras raíces ancestrales.

Para los antiguos pueblos mayas, el lirio acuático estaba asociado con la creación: una flor que nace del agua y se abre hacia la luz, cargada de un simbolismo que resulta sorprendentemente apropiado para una fuente.

Pero lo que la hace mágica no es solo su historia ni sus dimensiones, sino la manera en que sus líneas barrocas juegan con la luz, el desgaste de sus tonos rojizos y el reflejo del agua, que parece atrapar el cielo de Antigua Guatemala… y también los suspiros de quienes la vemos.

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