19/11/2025
A veces pienso en cómo empezó todo…
No fue un plan perfecto ni un sueño que tenĂa años persiguiendo.
Fue esa mezcla de intuiciĂłn, cansancio bonito
y un empujoncito silencioso —de esos que vienen de quien te quiere bien—
que me recordĂł que a veces solo necesitas dar un paso
para que la vida empiece a moverse contigo.
Empaqué una maleta con más sensaciones que certezas,
dejé atrás lo conocido
y seguà ese llamado extraño pero honesto
que dentro de mĂ se sentĂa profundamente correcto.
Y aquà estoy, tres años después…
aĂşn sorprendida de cĂłmo este lugar me sigue cambiando por dentro.
Antes vivĂa en la sombra, no porque no brillara,
sino porque siempre estaba capturando la vida de los demás.
Historias, celebraciones, momentos mágicos…
y entre foto y foto, mi propia vida se quedaba en pausa.
CreĂa que el Ă©xito era estar ocupada,
hacer más, correr más, lograr más.
Pero Bali lo desarmĂł todo.
Tuve que soltar sueños que alguna vez parecieron perfectos,
metas que “debĂan” hacerme feliz,
y versiones de mĂ que ya no encajaban
con la vida que realmente querĂa vivir.
AquĂ aprendĂ otro ritmo.
Un ritmo que camina descalzo,
que habla bajito con el mar,
que respira profundo entre terrazas de arroz.
Empecé a tomar menos fotos, pero a sentirlas más.
A vivir menos desde la prisa
y más desde la presencia.
Mis prioridades cambiaron, mis metas también…
y, por primera vez, siento que estoy viviendo mi historia
en lugar de solo documentarla.
Y por todo eso —por lo que Bali me quitó, me dio y me enseñó—
solo puedo sentir gratitud. 🥹🤍