06/07/2016
Pronto en Bartlebooth Mag...
Comenzamos a desvelar los que serán los cómplices del siguiente experimento de Bartlebooth! Una gran tropa de hackers, vagxs, editores, samplers, chatarrerxs, y saboteadores que han conformado el quinto experimento de Bartlebooth: La producción, cuatro estrategias menores.
Esta primera estrategia será el samplear, y para ella hemos contado con Miguel Mesa del Castillo y Juan Carlos Castro, Tatiana Poggi, luis díaz díaz y Eduardo Navas.
¡Todo un lujo de colaboraciones!
"La figura del dj ha sustituido por completo a la del compositor. Frente a la creación de nuevo contenido, el dj selecciona recortes entre un panorama inabarcable de músicas, canciones y éxitos los sonidos y fragmentos que sonarán en su sesión, construyendo, adaptando y modificando su repertorio musical en base a los beats de la misma. Si hay un género que haya hecho del productor y del dj figuras protagonistas ése ha sido el hip hop, donde su papel comienza por la selección de apenas unos segundos de canción, repetidos en un bucle ad infinitum, convertidos en la piedra angular que sostiene al resto de elementos de la canción. Son las manos hábiles del dj en la mesa de mezclas, el nuevo territorio desde el que construir, quienes hacen de esa repetición monótona una nueva producción, otorgando contenido a través del scratch, de la mezcla de beats, alterando los niveles, manipulando sin ninguna clase de piedad éxitos consolidados.
No es casualidad que fuese un productor de hip hop, Rick Rubin, el que le propusiese a Johnny Cash realizar American Recordings, una colosal obra donde el cantante tejano supo convertirse en dj, aunque no lo parezca. Su proceso comenzó despedazando las canciones hasta sus más ínfimos elementos –apenas las letras son conservadas, tal vez algunos acordes, ni siquiera el ritmo…-, seleccionando algunos de ellos para construir con su kit de herramientas nuevos himnos populares que ser cantados, arraigados con firmeza a una tradición clara de la canción americana, aquella de la que había bebido en forma de himnos religiosos, del blues de los esclavos o Woody Guthrie. Tampoco es casualidad el parecido físico que unen al cantante de country con Pucho Boedo quien, desde Noia, supo entender la tradición e importancia de las orquestas de pueblo, sampleadores por antonomasía, y construir todo un universo musical capaz de integrar, sin prejuicio alguno, ritmos cubanos, cumbias y rumbas junto a poemas del XIX. Transformaciones precisas capaces de construir lo popular -o re-construirlo- de una manera salvaje que rechaza cualquier nostalgia, a través del simple acto del cantar.
No hay canción popular sin gente que la cante y se la adueñe ni himno sin afición que lo coree, ni gaiteiro sin fiesta o cura sin misa, de la misma forma que no hay dj sin pista de baile. Figuras, todas ellas, que sólo existen a través de la acción –por y para ella-, que difuminan con su trabajo los límites de toda autoría o, mejor dicho, construyen unos nuevos en lo que dura su sesión. Sólo una misión: adaptarse a las necesidades de cada momento, al lugar, clima y situación precisa, seleccionando la pieza justa que debe sonar a continuación"