Robert Fedez

Robert Fedez Fotografía Profesional

Noche de Luna LlenaLuna Azul!!!
01/06/2026

Noche de Luna Llena
Luna Azul!!!

“Escalas de Tiempo”Cinco minutos parecen poco, y más para cualquier fotografia astronómica, pero en esta ocasión la ecua...
25/05/2026

“Escalas de Tiempo”

Cinco minutos parecen poco, y más para cualquier fotografia astronómica, pero en esta ocasión la ecuación fue ligeramente diferente, pues la noche aún no llegaba.

Tras un fallido intento por registrar el paso del Starship Flight 12 de SpaceX, decidí esperar al atardecer y probar algo extremo, dejar mi obturador abierto por un tiempo poco común.

Fueron 300 segundos. El obturador permanecio abierto, registrando cada cambio sutil dentro del encuadre: Las Rocas inmóviles, las plantas resistiendo el viento del este, y las olas del mar caribe coqueteando con perder su forma para convertirse en algo más.

Al centro de la imagen, el Faro, permaneciendo inamovible mientras todo lo demas cambia. Las olas dejan de ser olas para convertirse en una superficie de seda, superficie que nuestros ojos nunca verán en esa forma. Las nubes ya no son nubes, son el registro acumulado del tiempo moviendose sobre el mar.

El resultado es esta imagen que nunca existió exactamente así frente a mi. Es una imagen construida por cinco minutos de realidad convertida en fotones atrapados por mi camara, mi querida Canon R5.

La fotografía de larga exposición, siempre me ha parecido intrigante, aunque a diferencia de la noche, practicarla durante el día es cosa aparte, porque aunque parezca tiempo congelado, en realidad es tiempo comprimido. Tecnicamente hablando, requiere el uso de filtros ND que bloquean varios pasos de luz.

Quiza por eso me gusta tanto.

Porque me recuerda que aún cuando creemos que nada esta pasando, el mundo entero continua cambiando, listo para ser retratado, aunque solo sean 300 segundos.

La Luna, Venus y....... El PuenteEsta noche, el cielo decidió contar una nueva historiaA pocos grados del horizonte, la ...
19/05/2026

La Luna, Venus y....... El Puente

Esta noche, el cielo decidió contar una nueva historia

A pocos grados del horizonte, la Luna y Venus protagonizaron una delicada conjunción sobre el nuevo puente Nichupté. Desde nuestra perspectiva terrestre parecían cercanos, casi cómplices, aunque en realidad los separan millones de kilómetros y naturalezas completamente distintas: una roca silenciosa iluminada por el Sol y un planeta cubierto por densas nubes que reflejan la luz con intensidad deslumbrante.

Debajo de ellos, un barco pirata atravesó la escena como salido de otro tiempo, convirtiendo el instante en algo imposible de planear.

De pronto algo inesperado ocurrió. La Luna desapareció detrás de una nube. Por un momento pensé que la historia había terminado, que el cielo había cerrado el telón. Pero la paciencia tiene recompensas invisibles para quien decide quedarse observando.

Minutos después, reapareció por debajo de la nube, tenue y hermosa, como si estuviera sonriendo. Venus, entre las luminarias del puente, parecía intentar esconderse también, jugando con la ciudad y con quienes aún mirábamos hacia arriba.

En momentos como esos de nuevo recuerdo algo simple, vivimos rodeados de momentos extraordinarios que casi siempre pasan desapercibidos. El universo no deja de hablar; somos nosotros quienes dejamos de escucharlo.

Cancún tiene esas noches. Noches donde la astronomía se mezcla con la poesía.
Donde un puente recién construido, un barco pirata y dos mundos del sistema solar coinciden en el mismo encuadre para recordarnos que la belleza todavía ocurre, en tiempo real.

Cometa C/2025 R3 PanSTARRS ???Durante varios días he intentado fotografiar al cometa C/2025 R3 PanSTARRS.Su posición act...
12/05/2026

Cometa C/2025 R3 PanSTARRS ???

Durante varios días he intentado fotografiar al cometa C/2025 R3 PanSTARRS.

Su posición actual, muy cerca de la constelación de Orión, es una invitación constante a volver a intentarlo una y otra vez. Sin embargo desde nuestra latitud, cercana a los 20 grados, cualquier nuevo intento también significa enfrentarse a una realidad inevitable: en estos meses apenas cae la noche, Orión comienza a descender vertiginosamente cerca de la línea del horizonte.

Por debajo de los 20 grados, la atmósfera hace lo suyo. Las capas densas de aire deforman y debilitan la señal. Las nubes caribeñas aparecen sin previo aviso. La humedad dispersa la luz. Todo parece conspirar para volver más compleja la captura.

Hace un par de noches lo intenté de nuevo, como no hacerlo?

Después de alejarme de la contaminación luminosa de Cancún durante hora y media, encontré una ventana breve entre nubes y claros. La expectativa era alta; imaginaba registrar la estructura completa del cometa y quizá insinuar parte de su cauda extendiéndose sobre el cielo del Caribe. Pero la impredecible meteorología de la zona hizo nuevamente de las suyas.

Sin embargo pese a los pronósticos inmediatos, hubo recompensa. Entre las nubes del atardecer quedó atrapado el núcleo del cometa, apenas visible, escondido discretamente sobre una región del cielo dominada por Orión. En el encuadre también aparece la Gran Nebulosa de Orión, una inmensa fábrica estelar situada a más de 1,300 años luz de nosotros, acompañada por las tres estrellas perfectamente alineadas que forman el cinturón de Orión.

La cauda tendrá que esperar, algún par de intentos más o quizá otros 170,000 años, el tiempo lo dirá.

Pero eso es parte de la astronomía y de fotografiar el cielo: aceptar que no siempre se obtiene la imagen que uno imaginó, aunque a veces el universo entrega otra historia distinta, más honesta y más humana. Una historia hecha de paciencia, humedad, nubes, kilómetros recorridos y unos cuantos fotones que lograron atravesarlo todo antes de terminar aquí, en esta fotografía, que puede no ser la más espectacular que hemos visto de este cometa, pero tiene algo que las otras no..... esta es mía.

Nebulosa Cabeza de DelfínSH2-308Algunas formas en el cielo que no necesitan explicación, pero hablan a traves de su luz....
06/05/2026

Nebulosa Cabeza de Delfín

SH2-308

Algunas formas en el cielo que no necesitan explicación, pero hablan a traves de su luz.

En un campo amplio de casi 2 grados de extensión (alrededor de 7,200 segundos de arco), emerge la sutil silueta de la Nebulosa Cabeza de Delfín. A primera vista, parece apenas un susurro en medio del vacío. Pero cuanto más la observas, más se define, hasta que aparece: la cabeza de un delfín suspendido en el océano del cosmos.

No está ahí por casualidad.

Esta estructura es una gigantesca burbuja de gas creada por una estrella de tipo Wolf-Rayet, cuyo viento estelar (violento, constante) ha estado empujando el material circundante durante miles de años. Lo que alcanzamos a ver es el límite de esa interacción: una frontera donde la energía invisible se convierte en luz.

Es, en esencia, una onda de choque congelada en el tiempo.

Y sin embargo, lo que más me impacta no es la física, es la forma.

Porque en medio de procesos que responden a leyes estrictas (velocidad, densidad, radiación) surge algo que nuestra mente interpreta como vida, movimiento, intención. Un delfín que parece nadar lentamente entre estrellas, como si el universo, por un instante, decidiera hablar en un lenguaje que podemos reconocer.

Es una forma fija pero no estatica.

Está expandiéndose. Cambiando. Desvaneciéndose.

La luz que hoy capturo comenzó su viaje cuando en la Tierra la historia apenas tomaba forma. Y mientras nosotros contemplamos, ese “delfín” ya es distinto… o quizás ya no existe como lo vemos ahora.

Ahí está el asombro. No observamos el presente del universo, observamos su memoria.

Un campo de miles de segundos de arco… y dentro de él, una historia de energía, transformación y percepción humana.

Porque al final, la pregunta no es solo qué hay ahí fuera.

Sino por qué, en medio de todo ese caos perfectamente regido por leyes físicas,
seguimos encontrando formas que nos invitan a sentir, como si el universo, de alguna manera, también quisiera ser comprendido.

Que bella es la creación.

Cadena de MarkarianHay noches en las que el cielo no muestra estrellas… muestra destinos.En la constelación de Virgo exi...
16/04/2026

Cadena de Markarian

Hay noches en las que el cielo no muestra estrellas… muestra destinos.

En la constelación de Virgo existe una región donde la vista engaña y la intuición se queda corta. A primera vista, parecen puntos de luz dispersos, tímidos, casi indistinguibles. Pero quien sabe mirar, entiende: cada uno de esos destellos no es una estrella… es una galaxia completa.

Bienvenido a la Cadena de Markarian.

Cuenta una antigua interpretación moderna (porque no todos los mitos nacieron en la antigüedad) que esta cadena es el rastro de un titán cósmico que atravesó el universo dejando tras de sí mundos enteros atrapados en su estela. No es un mito heredado de civilizaciones antiguas, sino uno que nace de nuestra necesidad humana de darle forma a lo incomprensible.

La realidad, como suele suceder, es aún más fascinante.

Esta región forma parte del inmenso Cúmulo de Virgo, una de las concentraciones de galaxias más cercanas a la Vía Láctea. Aquí, la gravedad ha tejido durante miles de millones de años una compleja red de interacciones: galaxias que se atraen, se deforman, se fusionan… o simplemente pasan cerca, alterando sus formas en un lento pero inevitable baile gravitacional.

La “cadena” recibe su nombre del astrofísico Benjamin Markarian, quien estudió estas alineaciones y ayudó a revelar que no se trataba de una simple coincidencia visual, sino de una estructura real dentro de este vasto cúmulo galáctico.

Lo que observas aquí es profundamente contraintuitivo:
cada punto de luz puede contener cientos de miles de millones de estrellas.
Cada “estrella” es, en realidad, un universo en sí mismo.

Y sin embargo, desde nuestra pequeña posición en el cosmos, todo cabe en un solo encuadre.

Esta fotografía no muestra una cadena… muestra una conexión.
Un recordatorio de que el universo no está disperso al azar, sino entrelazado por fuerzas invisibles (Divinas las llamo yo) que lo ordenan, lo moldean y lo transforman constantemente.

Al mirarla, es imposible no sentirlo:
no es una imagen de estrellas lejanas…
Estamos viendo la arquitectura del universo.

Nebulosa Casco de Thor NGC2359En lo profundo del cielo austral, hay una estructura que no parece gas… parece armadura.La...
04/04/2026

Nebulosa Casco de Thor
NGC2359

En lo profundo del cielo austral, hay una estructura que no parece gas… parece armadura.

La Nebulosa Casco de Thor se despliega como una silueta poderosa, evocando el casco alado del dios nórdico Thor. No es casualidad: sus filamentos curvos y “alas” brillantes recuerdan esa figura legendaria, como si el propio trueno hubiera dejado su marca en el cosmos.

Pero la realidad que esconde es aún más impresionante.

En su centro habita una estrella extremadamente masiva y violenta, una estrella de tipo Wolf-Rayet, conocida por sus vientos estelares intensos que alcanzan millones de kilómetros por hora. Estos vientos, cargados de partículas, chocan con el material expulsado en etapas anteriores de la estrella, comprimiéndolo y calentándolo hasta hacerlo brillar.

Lo que vemos no es una forma estática.
Es una colisión en cámara lenta.

Capas de gas siendo empujadas, deformadas y esculpidas por fuerzas que superan toda escala humana. El hidrógeno, el oxígeno y otros elementos se ionizan bajo esta energía brutal, emitiendo esa luz que hoy, tras viajar miles de años, llega hasta nosotros.

Y sin embargo, en medio de tanta violencia… también hay belleza.

El “casco” no protege a ningún dios.

Es el rastro de una estrella que se está despojando de sí misma, acercándose a su destino final: una explosión como supernova, que algún día enriquecerá el universo con los elementos necesarios para nuevas estrellas… y quizás, nuevas vidas.

Así, la Nebulosa Casco de Thor no es solo una visión impresionante.
Es una historia de transformación extrema.
De energía, de muerte… y de renacimiento.

Porque incluso en los rincones más turbulentos del universo, la creación nunca se detiene.

Pasado y Presente Hay noches en las que todo encuentra su equilibrio.El cielo, la Tierra… y nosotros.En el momento exact...
29/03/2026

Pasado y Presente

Hay noches en las que todo encuentra su equilibrio.

El cielo, la Tierra… y nosotros.

En el momento exacto del equinoccio de primavera (del latín aequinoctium, “noche igual”) el planeta alcanza un punto perfecto: el día y la noche duran lo mismo, como si por un instante el tiempo respirara en armonía. No es magia, es geometría celeste: la inclinación de la Tierra alineándose con el Sol en un equilibrio preciso y pasajero.

Y ahí estábamos.

Acampando en la quietud de la noche, escuchando el sonido de la selva, con el equipo listo… y, sobre nosotros, desplegándose con majestuosidad la Vía Láctea, cruzando el cielo como un río de luz antigua.

Mientras preparábamos cada toma, algo era imposible de ignorar: todo lo que fotografiábamos ya había ocurrido.

La luz que capturaba el sensor había viajado miles de años para llegar justo a ese instante, a ese lugar. Nosotros, en cambio, éramos apenas un suspiro en el tiempo… observando, registrando, intentando comprender.

El campamento era presente.
El cielo, pasado.
Y la fotografía… el punto de encuentro.

Entre el murmullo del viento y el silencio profundo de la noche, entendimos algo simple y poderoso: no estábamos escapando del mundo… estábamos conectando con él, en su forma más pura.

Porque hay momentos que no se repiten.
Y noches que no solo se viven…
se quedan contigo para siempre.

“El Patio de mi Casa”
Selva Maya de Quintana Roo
Marzo 21, 2026

Mebulosa del AguilaMessier 16Hay formas en el universo que no solo se observan… se sienten.En la Nebulosa del Águila, lo...
27/03/2026

Mebulosa del Aguila
Messier 16

Hay formas en el universo que no solo se observan… se sienten.

En la Nebulosa del Águila, los imponentes Pilares de la Creación dan vida a nuevas estrellas mientras se desvanecen lentamente por la radiación de sus propias creaciones.

Pero si miras con calma… aparece algo más.

Un rostro en silencio, con los ojos cerrados, como si el universo mismo estuviera soñando.

No es un mito antiguo, es un reflejo humano: vernos en medio del cosmos.

Aquí, la ciencia es clara, gas, polvo y gravedad creando estrellas a miles de años luz.
Y aun así, algo en nosotros insiste en encontrar significado.

Tal vez porque el universo no solo se explica…
también se contempla.

Y en esa contemplación, inevitablemente,
terminamos viéndonos a nosotros mismos.



Nebulosa RosetaNGC2237Hay flores que nacen en silencio… y otras que tardan millones de años en abrirse.En el corazón de ...
24/03/2026

Nebulosa Roseta
NGC2237

Hay flores que nacen en silencio… y otras que tardan millones de años en abrirse.

En el corazón de la constelación de Monoceros florece la Nebulosa Roseta, una vasta nube de gas y polvo donde nuevas estrellas comienzan su historia. Lo que aquí parece un delicado pétalo dorado es, en realidad, hidrógeno ionizado esculpido por la radiación intensa de estrellas jóvenes que, al encenderse, transforman su entorno en una obra de energía y luz.

Esta imagen no es un instante, no lo es: es la suma de 60 exposiciones de 120 segundos, acumulando fotón a fotón una señal que nuestros ojos jamás podrían percibir por sí solos….. por lo menos no los físicos.

Los colores que ves no son los que vería el ojo humano… y sin embargo, revelan una verdad más profunda. Utilizando la llamada Paleta Hubble, los elementos químicos son traducidos en color: el azufre se convierte en dorado, el hidrógeno en matices cálidos y el oxígeno emerge como ese centro azul pastel que parece latir en calma.

Es, en esencia, una forma de hacer visible lo invisible.

Lo que contemplamos es una rosa cósmica, sí… pero no una que se marchita.
Es una que da origen.
Una que respira en escalas de tiempo que desafían toda intuición humana.

Y mientras la observamos, hay algo inevitable que ocurre:
nos damos cuenta de que incluso en la inmensidad fría del universo…

también existen flores.



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