17/05/2026
Cada Mundial cambió la Ciudad de México… pero cada uno intentó mostrar una ciudad distinta.
En 1970, México quería demostrarle al mundo que era un país moderno.
La ciudad venía de una etapa de enormes transformaciones: el Metro había sido inaugurado apenas un año antes, crecían nuevas vialidades y la capital buscaba proyectar una imagen de progreso y modernidad. Era el México del gran escaparate internacional.
En 1986 la historia fue completamente distinta.
Apenas unos meses antes había ocurrido el terremoto de 1985. La ciudad seguía entre reconstrucciones, edificios dañados y una crisis económica complicada. El Mundial llegó en un momento donde la prioridad no era modernizar… era recuperarse.
Y ahora llegamos a 2026.
A menos de un mes del Mundial, una de las transformaciones más visibles ha sido otra: el color morado y los ajolotes comenzaron a aparecer en puentes, transporte y distintos espacios públicos de la ciudad. La llamada “ajolotización” se convirtió en tema de debate, memes y críticas en redes.
Y aquí está lo interesante:
En 1970 la ciudad quiso verse moderna.
En 1986 intentó levantarse de una tragedia.
Y en 2026 la discusión parece ser otra: qué huella dejará realmente este Mundial en la ciudad.
Porque los Mundiales no solo dejan partidos. También dejan huellas en las ciudades que los reciben.