24/01/2026
Sin mas
Hay momentos en los que el corazón se siente pesado, sin aire, sin una dirección clara. No porque esté roto, sino porque está cambiando. Son etapas en las que el tiempo se vuelve extraño: avanza lento, incómodo, como un camino que no promete respuestas inmediatas. Aun así, seguimos caminando.
A veces sobran las palabras y los significados. No hay frases ni explicaciones que ordenen lo que se siente. Desde afuera puede parecer un trayecto sin salida, y quizá ahí es cuando más necesitamos sostener al corazón: avanzar sin aferrarnos al control, adaptarnos a las circunstancias.
Aunque el exterior se muestre confuso, incluso cuando el duelo o la incomodidad están presentes, la relación que tenemos con eso puede transformarse. No porque lo entendamos del todo ni porque encontremos una explicación, sino porque es parte del proceso. Mientras avanzamos, algo en nosotros se reorganiza. Aunque no lo veamos, aunque todavía no tenga forma, ocurre. Hay algo de misterio en ello, algo que no siempre sabemos nombrar.
Caminar sin claridad no es estar perdido. Es permitir que el corazón se adapte mientras avanza. No florece de inmediato: primero se acomoda, se fortalece y encuentra nuevos surcos por donde crecer. Cada paso, incluso el dudoso, participa en esa transformación.
Después del proceso, el andar se siente distinto. Más presente. Más real. Los surcos se reconocen, la vida se expresa con menos resistencia y nos invita a una nueva forma de estar y de sentir lo que hay en ella. 🌹✨💙