25/06/2026
32
Y aún no hay muchas cosas claras. (Esta frase me sonó mucho ayer en medio de una tarde caótica y llegué a casa a escribir un poco más antes de cumplir 32)
Leí por ahí que es alrededor de esta edad cuando nuestro cerebro termina de cambiar el switch de adolescente a adulto. Y, la verdad, tiene sentido.
No me malinterpreten. Las responsabilidades de adulto se han ido sumando y cumpliendo día a día desde hace más de diez años. Creo que muchos comprenderán esa línea delgada entre seguir sintiéndote un poco renuente a crecer, pero al mismo tiempo no dejar de cumplir con lo tuyo.
Y hablando de diez años… Este es mi décimo año como mamá. (Khé)
Ha sido el viaje de diez años más increíble que jamás pude imaginar.
Pero sinceramente, mis 32 son el año en el que más yo me he vuelto a sentir dentro de este viaje.
El año en el que empiezo a conocer mi energía: cuando sube, cuando está por bajar y cuando necesito darme permiso de descansar.
El año en el que aprovecho las ideas creativas cuando aparecen y, cuando no aparecen, ya no me peleo tanto con el silencio.
El año en el que me siento menos preocupada por llegar a alguna parte y más interesada en observar el camino.
Gracias, vida, por darme 32 años para descubrirme.
Por prestarme un hermoso hijo que, sin él saberlo, me ha ayudado a conocerme de maneras que nunca imaginé.
Y por seguir apapachándome con gente tan preciosa.
No tengo todo claro.
Pero me siento muy viva.
Y eso me parece un gran lugar desde dónde empezar los 32. 🌷
Gracias por estar 💗