29/08/2026
Hay algo que aprendí fotografiando embarazadas: no se trata solo de saber usar la luz.
Recuerdo que desde la universidad disfrutaba muchísimo la materia de dibujo humano.
Me fascinaba observar cómo, entre sombras y luces, podías resaltar una silueta y contar una historia sin decir una palabra.
Y, de alguna manera, lo había olvidado.
Mientras construía mi estudio, también estaba construyendo algo dentro de mí:
aprender a sanar, a mirarme con más amor y a entender que no puedes dar lo que no eres.
Aprender a amarme no solamente los días en los que me gustaba frente al espejo…
también los días en los que no.
Y creo que eso cambió mi manera de fotografiar.
Porque lo más complejo de ser fotógrafa de embarazo no es encontrar la luz perfecta.
Es aprender a leer a mi modelo.
Entender cuándo necesita dirección, cuándo necesita seguridad y cuándo simplemente necesita que le recuerde que se ve hermosa.
Porque en una misma mujer pueden convivir tantas emociones…
Se siente vulnerable, pero fuerte.
Diferente, pero hermosa.
Con miedo a lo desconocido, pero profundamente enamorada de alguien que todavía no conoce.
Y mi trabajo es encontrar ese punto en el que pueda sentirse todo eso…
y aun así, verse a sí misma con amor.
Quizá por eso estas fotografías significan tanto para mí.
Porque no solamente estoy fotografiando un embarazo.