22/07/2026
Hoy nos toca viajar con los sentidos a otro rincón de nuestra tierra: Milpa Alta. Pero en esta ocasión, la historia no la escriben las pencas verdes ni la producción agrícola; esta vez venimos a hablar de su gente. Hablamos de los productores, de las manos trabajadoras y de esas miradas cargadas de años y sabiduría.
Ellos son el motor detrás de ese nopal noble que acompaña un taco de carnitas, una tarde de carne asada o un plato en escabeche. Desde principios de la década de 1990, cuando la propia comunidad campesina se organizó para levantar el Centro de Acopio y Comercialización de Nopal Verdura en Villa Milpa Alta, este lugar se transformó en el escenario diario de su entrega. Una entidad viva sostenida por hombres y mujeres que dedicaron su vida a tender el puente directo entre el surco y la venta.
Aquí, desde las primeras horas de la madrugada, antes de que el sol despunte, los rostros del trabajo ya están al pie del cañón. No solo tienen las cosechas listas, empacadas o puestas a la vista; llevan sobre la espalda la maestría que solo da el tiempo. Se nota en la agilidad deslumbrante con la que pelan el nopal a ciegas, en el instinto fino para escoger los mejores frutos y en el conocimiento profundo sobre las semillas, las verduras de temporada, el pan y los platillos que alimentan a quien los visita.
Entre el murmullo de la venta y el trajín constante, resuena también el rodar de los diablos. Ahí están los diableros, piezas fundamentales de este motor; hombres de hombros fuertes y paso firme que, cargando bultos y cajas pesadas sobre sus diablos de carga, facilitan el transporte, alivian el peso y hacen posible que el producto fluya de un rincón a otro.
En los pasillos del centro de acopio no solo camina quien viene a consumir, sino familias enteras que llegan atraídas por el valor de lo auténtico. Sin duda, este es uno de los lugares donde con más fuerza se aprecian esos rostros cansados pero erguidos con orgullo. Gente con la piel curtida y la experiencia intacta; seres que han entregado la vida entera a cargar, sembrar, cosechar y traer lo mejor de la tierra a nuestras mesas.