16/09/2026
Para reflexionar, es una simple fotografía?
No entiendo los caprichos de la vida. Óscar Agüero era corredor, atleta, un hombre acostumbrado a levantarse temprano, ponerse los tenis y exigirle al cuerpo un poco más. Y un día, sin avisar, su corazón se detuvo.
Uno no puede evitar hacerse preguntas. Vemos todos los días personas que comen mal, beben, fuman, llevan una vida sedentaria y parecen seguir adelante como si nada. Y entonces vemos partir a un joven que corría, entrenaba y encontraba precisamente en el deporte una de sus grandes pasiones.
No conocía personalmente a Óscar Agüero. Al menos no de nombre. Pero tengo casi la certeza de que alguna vez lo vi detrás de mi cámara y le tomé una fotografía para AGP Deportes. Son muchos años cubriendo carreras atléticas en Ensenada y, entre cientos o miles de corredores, resulta imposible recordar cada rostro. Quizá alguna vez pasó frente a mí y simplemente pensé “un corredor más”. Hasta que deja de serlo.
Porque cuando alguien muere, aquella fotografía que parecía una más dentro de una cobertura adquiere otro significado. De pronto deja de ser solamente una imagen deportiva y se convierte en memoria. En un instante congelado de alguien que estaba haciendo lo que le gustaba, corriendo, feliz.
Durante las primeras horas se habló de que Óscar había sufrido un golpe de calor mientras participaba en una competencia en Los Cabos. Sin embargo, posteriormente conocí otra versión sobre lo ocurrido, durante el evento habría sufrido un infarto. Paramédicos lograron reanimarlo y llegó con vida al hospital, aunque su respiración era débil y requería ser intubado. Ahí habría sufrido un segundo infarto, del que también logró salir.
Se estaba aferrando a la vida. A esa vida cotidiana que probablemente muchas veces nos parece rutinaria hasta que comprendemos cuánto vale. A su trabajo en la gasolinera Rudametkin del bulevar Costero de Ensenada. A sus compañeros, a su familia y también a esos fines de semana dedicados al atletismo.
A levantarse temprano un domingo, ponerse los tenis, colocarse un número en el pecho y llegar a una carrera. Al bullicio antes de la salida, cuando unos estiran, otros calientan, algunos están nerviosos y todos esperan escuchar la señal para comenzar a correr. Ese pequeño mundo que para quienes cubrimos carreras puede convertirse en rutina, pero que para muchos atletas representa una parte importante de su vida.
Después habría llegado un tercer infarto. Esta vez su corazón ya no respondió.
Y entonces uno vuelve a mirar esas carreras de manera distinta. Este domingo, durante el Festival Delegacional de Atletismo en Ensenada, una integrante del Club Raptor rindió homenaje a su compañero. Fue una de esas imágenes que dicen mucho sin necesidad de palabras.
Quizá por eso hoy pienso en todas las fotografías que he tomado durante tantos años. Uno dispara la cámara buscando al ganador, una expresión, el esfuerzo, la llegada a la meta. Muchas veces ni siquiera conocemos el nombre de la persona que quedó retratada. Pero nunca sabemos cuánto terminará valiendo una fotografía.
Porque tal vez para nosotros fue un disparo más de la cámara. Para una familia puede convertirse algún día en un tesoro.
Y quizá ahí está una de las razones por las que vale la pena seguir documentando estos momentos. Porque la carrera termina, la gente se va, desmontan la meta y las calles vuelven a quedar vacías. Pero la fotografía permanece.
Dicen que los que se van, se van suspirando, y los que se quedan… se quedan llorando.