24/03/2018
"Es verdad, cuando uno no tiene el coraje de cambiarse a uno mismo comete la estupidez de pretender cambiar a los demás, acusándolos de todos los males. Un 24 de marzo de 1988, abandoné todo lo que había construido durante más de 23 años, 8,395 días (otra vez los números). Abandoné a una mujer que me amaba, a dos hijos sorprendidos y perplejos, y a amigos de toda la vida desconcertados. Huí cobardemente por no saber confrontar mi confusión y aceptar el desafío de aprender mis lecciones.
¿Se puede imaginar lo que sufren esas personas cuando uno crea amor en ellos y luego se va? ¿Qué pueden hacer con ese amor si uno se va? ¿Adónde lo ponen? ¿Lo guardan, lo matan, lo convierten en odio? ¿Qué hacen? Es casi imposible saberlo a no ser que uno lo haya experimentado. Es bajar al quinto in****no. No trate de adivinar, yo se lo diré. Ahora lo sé, porque la vida, que no tiene impunidad, terminó de hacérmelo sentir en carne propia. ¿Qué hace cuando lo dejan con el amor atragantado? Cada día, cada uno de los días, mastica ese amor, lo va rumiando hasta transformarlo en odio y luego, asqueado al sentir en qué lo ha convertido, lo tiene que vomitar porque le retuerce el estómago y lo inunda de congoja y amargura. Y luego, mal que le pese, con toda su humillación y dolor, vuelve a tragarse el vómito, y vuelve a masticarlo y a rumiarlo, y vuelta a vomitarlo... y así, cada día, hasta que ya ni le siente el gusto... y se anestesia emocionalmente. Adiós, dejó de estar enamorado de la vida. ¡Y uno elige hacerlo cada día!"
-Fragmento de "El undécimo mandamiento" de Mario A. Rosen.