26/04/2026
En Tlacotalpan hay personajes que no necesitan presentación, porque su presencia ya forma parte del paisaje cotidiano, como el murmullo del río o el eco lejano de un son jarocho. Así es Eduwiges Guadalupe Medina Naranjo, mejor conocida por todos como Doña Lupita: un alma luminosa que convirtió una esquina en punto de encuentro y en escenario de vida.
Ubicada en la famosa esquina de los jarochos, “La Flecha”, Doña Lupita no solo vende, sino que habita el espacio con una energía que parece no acabarse nunca. Desde hace ya 15 años, su voz acompañada de bocina y micrófono no deja que el silencio se instale. Canta, anima, saluda… y en ese acto sencillo, le regala a quien pasa un pedacito de alegría.
Servicial y siempre atenta, su labor va más allá de ofrecer empanadillas, volovanes, bolitas de queso, tortas de queso y pastelitos de jamón con queso. También se ha vuelto una especie de guardiana del flujo cotidiano: apoya al tránsito, orienta a los conductores y, con una naturalidad admirable, ayuda a que todo fluya mejor en ese cruce que ya lleva su esencia.
Después de la inundación, aquella esquina no volvió a ser la misma. Se transformó. Y en ese cambio, Doña Lupita echó raíces, haciendo suyo ese espacio no con palabras, sino con constancia, trabajo y corazón. Hoy, más que un punto de venta, ese rincón es testigo de su historia, de su lucha y de su alegría inquebrantable.
Hablar de Doña Lupita es hablar de Tlacotalpan en su forma más viva: gente que resiste, que sonríe, que canta incluso cuando el día pesa. Porque hay personas que no solo pasan por los lugares… hay quienes los convierten en hogar. Y ella, sin duda, es una de esas.