06/11/2025
Cuando mis primeros drones se estrellaban, todos se reían. Pero yo sabía que cada caída me acercaba un poco más a volar.
Todo empezó en mi dormitorio universitario en Hong Kong. Mientras mis compas salían de fiesta, yo pasaba las noches rodeado de cables, hélices y olor a piezas quemadas. Quería crear algo que pudiera ver el mundo desde arriba... aunque mi presupuesto decía lo contrario. Muchos pensaban que estaba loco, que mi proyecto no tenía futuro. Pero yo seguí: con hambre, con miedo y con fe. 💪💡
Un día, uno de mis drones —el que más me había costado construir— se desplomó justo frente a un grupo de inversionistas. Sentí que todo se acababa. Pero recogí los pedazos, respiré hondo y me prometí que el siguiente volaría mejor. Esa caída se convirtió en mi gasolina. 💥⚙️
Años después, nació DJI.
Esos drones que salieron de noches sin dormir hoy dominan los cielos. Se usan para crear arte, grabar películas e incluso salvar vidas. 🌍🚀
Cada vez que veo uno volar, recuerdo algo que aprendí a la mala:
💭 A veces la vida te hace estrellarte… solo para enseñarte a volar más alto.
— Frank Wang ✨