19/07/2026
Mayo de cruces: fe, fiesta y memoria en la altiplanicie junina.
El culto a las cruces en los Andes peruanos hunde sus raíces en el proceso de evangelización iniciado tras la conquista española en el siglo XVI. Las cruces fueron colocadas estratégicamente en antiguos espacios sagrados-huacas, caminos principales del Tahuantinsuyo y centros ceremoniales-como parte de una política sistemática de sustitución simbólica y adoctrinamiento religioso. Tal como señala Luis Millones, este proceso no eliminó las creencias andinas, sino que generó formas de reinterpretación y convivencia simbólica.
Con el paso del tiempo, las poblaciones originarias adoptaron el cristianismo, incorporando la cruz como figura central de fe y esperanza. Sin embargo, este símbolo también funcionó como un espacio de continuidad cultural, donde persistieron, de manera velada, elementos de la cosmovisión andina. En palabras de Manuel Marzal, la religiosidad andina colonial y republicana es profundamente sincrética, producto del encuentro-y tensión-entre dos universos religiosos.
Así, las cruces dejaron de ser únicamente un instrumento de evangelización para convertirse en parte esencial de la religiosidad popular en los pueblos iberoamericanos. En ellas se depositan no solo la fe, sino también alegrías, tristezas y aspiraciones colectivas. Las celebraciones en su honor combinan lo devocional con lo festivo, integrando danzas, música y ritualidad comunitaria.
En la región central del Perú, particularmente en la provincia de Junín, esta tradición se mantiene viva. Barrios, capillas, caseríos celebran las fiestas de las cruces de mayo, cuya principal manifestación dancística es la chonguinada. Esta danza, surgida en el contexto republicano, tiene un carácter paródico e imitativo de las élites europeas. Como explica Alberto Flores Galindo en sus estudios sobre cultura andina, estas expresiones revelan formas populares de reinterpretar el poder y la otredad.
La chonguinada junina, elegante y mestiza, encarna esa compleja historia de encuentros culturales. Sus pasos, vestuarios y coreografías evocan una mirada crítica y festiva hacia el mundo europeo, apropiado y resignificado desde los Andes. De este modo, la fiesta de las cruces no es solo una celebración religiosa, sino también un testimonio vivo de la memoria histórica y la identidad cultural andina.
Junín
Nikon
2024