28/02/2025
De mi abuela aprendí…
De mi abuela aprendí a vivir la fe con el corazón, a sentir en cada paso el amor y la devoción que dan vida a las procesiones de Corpus Christi en Cusco. Desde niña, ella me tomó de la mano y me llevó de templo en templo, mostrándome que cada imagen venerada no es solo una escultura, sino un símbolo de esperanza, de tradición y de la unión de nuestro pueblo.
Fue ella quien me enseñó que cargar a La Mamacha Belén no es solo un acto de fuerza, sino un privilegio, un honor que se lleva con el alma, con lágrimas en los ojos y orgullo en el pecho. Y qué decir de sostener en hombros al imponente Patrón San Cristóbal, sentir su peso como el peso mismo de la fe heredada, de los rezos de nuestros abuelos, de las promesas hechas en silencio y cumplidas con el alma.
En cada procesión, en cada cántico y en cada campanada que resuena en las calles de Cusco, siento a mi abuela conmigo, guiándome aún, como cuando era niña, enseñándome que la fe es algo que se lleva en la sangre y que nuestra tradición es un legado sagrado que jamás debemos dejar morir.