09/02/2026
Durante la primavera y el inicio del verano, época de cría para la mayoría de las aves, muchos polluelos acaban abandonando el nido prematuramente por distintas razones. A veces son las peleas entre hermanos, a veces olas de calor que hacen poco soportable la estancia en ese hueco que un día fue confortable. Y a veces simplemente la impaciencia por querer ser adulto y disfrutar de la libertad de volar antes de tiempo.
Este verano tuve la oportunidad de criar este avión roquero recogido en muy mal estado y aún con muy poca pluma. Al principio había que forzarle a que comiera los gusanos que forman parte de su dieta estrictamente insectívora. Luego con una pequeña estimulación en la comisura del pico logramos que abriera la boca y tragara sin forzar. Y a los pocos días, ya me abría la boca nada más me acercaba a él. Justo en ese momento tan adorable, cuando el ave se empezaba a sentir poderoso, era también el momento de dejarle libertad. Libertad para practicar vuelos, libertad para inspeccionar su pequeño mundo. Hasta que un día, cuando entré a visitarlo, había decidido marcharse, con la lección aprendida y con la posibilidad de vivir una vida plena que no hubiera tenido sin la ayuda de todas las personas intervinimos en el rescate, alimentación y cuidados. Gracias a tod@s vosotr@s 🧡