08/23/2025
CABARET: Tijuana viaja a los años 50 entre luces, música y glamour
La noche de ayer, La Antigua Bodega de Papel abrió sus puertas a un espectáculo que envolvió a Tijuana en nostalgia, elegancia y celebración: CABARET, presentado por el grupo Iliki&Mar.
La siempre majestuosa Iliki Aguirre se convirtió en el corazón del show. Su potencia vocal, capaz de recorrer un abanico de emociones, invitó al público a entrar en una atmósfera íntima y vibrante. A su lado, los músicos ejecutaron con precisión cada nota, llevando a los asistentes por un viaje sonoro que recorrió el cha cha chá, el mambo y los boleros cubanos, evocando la grandeza de leyendas como Benny Moré, Celia Cruz y Sonia López.
La música como puente
El espectáculo confirmó algo esencial: la música sigue siendo un lazo que une a la comunidad. Entre luces cuidadosamente diseñadas y una ambientación que recreaba el espíritu del cabaret clásico, el público respondió con aplausos entusiastas y complicidad, haciendo del momento una experiencia compartida más allá del escenario.
La mirada del fotógrafo
Desde la silla más lejana, buscando el plano completo, descubrí que no estaba simplemente documentando un show: estaba siendo transportado a la Época de Oro. Las imágenes en blanco y negro surgieron como una elección inevitable. No se trataba de un capricho estético, sino de capturar la esencia atemporal del cabaret: las sombras, la elegancia y la teatralidad que el color habría diluido.
Cada fotografía es un homenaje visual a esa nostalgia de los años cincuenta, donde las orquestas eran imponentes y la música se vivía con el corazón.
Tras bambalinas
La experiencia continuó lejos de los reflectores. Tras bambalinas, el equipo se preparaba entre afinaciones y respiraciones profundas, en ese instante íntimo donde la música todavía es promesa. Convivir con ellos en ese momento me permitió ver la otra cara del espectáculo: la unión, la disciplina y la pasión que después, en escena, se desbordaron como magia colectiva.
Más que un espectáculo
CABARET no fue solo un montaje musical. Fue un viaje al pasado, una celebración del arte en vivo y una prueba de que en Tijuana la cultura sigue brillando con fuerza. Entre la voz de Iliki Aguirre, la precisión de los músicos y la respuesta del público, la ciudad vivió una noche donde la música volvió a recordarnos su poder eterno: transportar, emocionar y unirnos.