07/09/2026
AMAR HASTA FLORECER .
Carrete para amar un poco la vida . Aunque sea un texto que pueda llegar a parecer un lamento.
La fragilidad y la simpleza que la contiene a veces.
La parte triste de vivir en las ciudades es que a veces creemos que necesitamos de tantas cosas...
Nos perdemos de tantas otras.
Hace unos días leí un texto de alguien,
muy bien argumentado, muy sólido
(en su nihilismo)
que hablaba del problema existencialista de ser un hippie
que cree que volver a habitar la naturaleza y conectar con el espectro salvaje de nuestro ser es como una perdida de tiempo, o que esto simplemente ya no existe.
Quizás para él, para muchas personas en este planeta
Mantener una conexión con lo natural es una perdida de tiempo, porque ya renunciaron a su parte animal
ya los organismos con quienes compartimos el planeta no nos resultan relevantes o incluso necesarios.
Solo puedo decir que les deseo suerte.
No por nada, las personas siguen buscando el mar con tanto afán, o siguen disfrutando el agua fría de los ríos, o la sensación cálida de la tierra besando los pies desnudos.
De entre lo poco que me mantiene amando la vida en este tiempo, se salvará siempre la tierra, volver a la tierra, sentirse reverdecer, respirar, y poder sentir el aire limpio, poder ver la maravilla de la magia florecer, hacerse vida.
Sin eso, si no podemos reconocer que hemos sido parte de un maravilloso ciclo de vida, no somos nada. Hemos vivido las ultimas décadas en sociedades que nos han vuelto nada.
Cada vez me siento más desconectada de la vida que me enseñaron a vivir. Del occidentalismo tan bandera. Hibridar la vida que toca con la vida que deseo es la única vía.